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Reconstruimos aquí la vida de los mineros chilenos que permanecieron 69 días atrapados en la mina San José, a 622 metros bajo tierra. Una emocionante operación de rescate, realizada con una cápsula diseñada con la ayuda de la NASA y seguida en directo por 1.000 millones de personas todo el mundo, devolvió a estos 33 hombres a la superficie.

Por Francisco Peregil

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Señor, así como me lo diste, te lo entrego

27 años y sin hijos

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Daniel Herrera

El conductor

Su madre, Alicia Campos, de 57 años, dice que Daniel es el hijo más mimoso de los tres que tiene: “Es el más regalón. Mi otro hijo, el más chico, tiene 21 años, es hablador, tiene su pareja, apechuga con todo…. Pero él es muy introvertido, muy callado, muy poco expresivo. De hecho, mis hermanos le llaman el Osito Gominolo; ¿Cómo será de regalón? En los días libres pide por teléfono su desayunito en la cama. Y yo, encantada. A él lo marcó la partida de su papá, hace siete años. Y, sobre todo, la partida de una tía hace 14 años. Él dormía con ella, y todo lo que le pedía, ella se lo daba. Lo sobreprotegía mucho. Y cuando ella se murió, se me quedó pegado. Para el Mundial me compró un plasma. Y pagó [el abono] el cable, que no tendría por qué hacerlo. Llevaba sólo siete meses como minero. Antes trabajó en un taxi que le compró un hermano mío”.

“Es muy ordenado y odia que nadie se meta en su pieza (habitación). De hecho, al venirse la dejó cerrada con llave. Allí tiene su tele, su caña, otra tele chiquitita, sus lámparas para salir a pescar… Sólo me dejaba a mí entrar en su pieza y a su sobrina, la Montse”.

“Ha tenido novias, pero no llegó a nada. Y los amigos que tiene son muy seleccionados. De hecho, uno vino por tres días para acá. Como no tenía <i>polola</i> (novia), yo no quería que se fuera de casa y le decía: ‘Cuando usted arme su nidito, entonces compra su casa. Al fondo de la nuestra empezamos a levantar un departamento de madera. Y él tenía el afán de terminarlo. Dejó todo comprado. Ahora quiero que mi hermano lo termine para que cuando yo vuelva mi hijo se lo encuentre todo como él quería”.

“En la primera carta pedía que le dijéramos la verdad, que cómo estaba yo. Y le respondí que no me voy a mover de aquí hasta que no nos vayamos juntos a Marchigüe, nuestra ciudad, en la sexta región. Yo nunca lo sentí muerto. Sólo un día, cuando me enteré de que se había desviado la tercera sonda dije: ‘Señor, así como me lo diste, te lo entrego’. Pero yo le decía a la gente: ‘Al Daniel lo siento aquí en el corazón, pegadito conmigo’. Y mientras lo sienta aquí, estará con vida”.

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