Año 35: Construyendo el futuro

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La riqueza global pone rumbo al Sur y al Este

El peso de los emergentes en la economía mundial crece y desplaza a las áreas desarrolladas de los primeros puestos

Foto: GETTY Vista nocturna del puerto de Dubai (Emiratos Árabes Unidos) con los yates y los rascacielos.

A principios de los años ochenta, Antoine van Agtmael, un economista que trabajaba entonces para la corporación financiera del Banco Mundial, acuñó el término economías emergentes para denominar al grupo de economías que, con unos ingresos per cápita de bajos a medios, distaban mucho de pertenecer al Tercer Mundo con que se denominaba de forma genérica a todo el mundo no desarrollado. El término iba asociado, además, a un elevado potencial de crecimiento, la disposición a abrir sus mercados y a embarcarse en reformas estructurales. Representaban mercados, entonces potenciales, para los productos occidentales, mano de obra barata para las industrias de países desarrollados y una fuente inagotable, en muchos casos, de materias primas. Treinta años después, son esas economías las que dominan el crecimiento mundial y las que están a punto de superar, por peso en el PIB global, a las economías desarrolladas.

Los datos son apabullantes. En los años sesenta, estas economías representaban un tercio del crecimiento total de la economía global. Ahora representan dos tercios del crecimiento. "Si esta tendencia continúa, en 20 años la producción mundial se habrá más que duplicado, al pasar de 78 billones de dólares a 176 billones (a precios actuales). De ese aumento, 61 billones procederán de las economías emergentes y en desarrollo, frente a los 37 billones que aportarán las economías desarrolladas", aseguraba en un reciente artículo Min Zhu, antiguo vicepresidente del banco central de China y asesor especial del director gerente del FMI.

Buena parte de esa riqueza tiene su origen en los petrodólares. Desde la crisis petrolera de 1973 y con la tendencia imparable de aumento del precio del petróleo, los países productores de materias primas en general y de petróleo en particular acumulan una ingente cantidad de millones de dólares, que son cortejados con codicia por los inversores occidentales. El mayor fondo soberano del mundo tiene pasaporte de Emiratos Árabes Unidos (Abu Dhabi Investment Authority) y solo él maneja activos por valor de 627.000 millones de dólares, según el ranking de Sovereign Walth Fund Institute -el país cuenta con varios vehículos de inversión de este tipo, aunque este es el que más fondos gestiona-. No es de extrañar, pues, que sean estos países los que desarrollen los mayores proyectos arquitectónicos en la actualidad, los que compren míticos clubes de fútbol europeos en apuros e, incluso, prometan a los Gobiernos occidentales en visita oficial ayudas a sistemas financieros en dificultades, como el español.

El peso de los países emergentes se ha visto favorecido, además, por la crisis económica y financiera que estas economías emergentes han logrado sortear mucho mejor que los países considerados ricos. En buena medida porque aprendieron de los errores de sus propias crisis -en la década de los ochenta, en América Latina y a finales de los años noventa en Asia, Rusia y Latinoamérica-, y adoptaron medidas para protegerse de los vaivenes caprichosos del sector exterior, como la acumulación de reservas, reducción de los déficits públicos y por cuenta corriente y control de la inflación. Pero en parte también porque han reducido su dependencia de las economías desarrolladas y han establecido nuevos vínculos comerciales entre ellos, el denominado comercio sur-sur.

De ahí que, la primera década del siglo XXI haya sido la primera en la historia en la que las economías emergentes hayan crecido más que las economías consideradas ricas, un 82% frente a un 17%, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y de ahí que las economías que no son miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) ya representan el 49% del PIB global y, según las proyecciones de la organización, llegará al 57% en 2030.

Pero ninguna historia entre estos nuevos ricos globales tiene la magnitud de la de China e India. Solo en los últimos 10 años, China acumula un crecimiento del 170% e India ha multiplicado por dos su economía. Una historia que implica a dos países que suman 2.500 millones de habitantes, un hecho diferencial del rápido crecimiento que antes habían experimentado las pequeñas economías del sureste de Asia, los denominados tigres asiáticos, y con importantes consecuencias para la economía global. China ya ha superado a Japón como segunda economía mundial y está previsto que supere en el número uno a Estados Unidos para 2020.

Las economías en desarrollo suponen en estos momentos el 48% del PIB mundial

Según explica en su última obra -Civilización: Occidente y el resto- el historiador económico Niall Ferguson, este creciente desplazamiento de la riqueza y del poder hacia el Este y el Sur no es más que una repetición de la historia, dirigida, dice, por movimientos pendulares. Pendular o no, lo cierto es que en 2010, en plena crisis, económica global la riqueza se va desplazando hacia el Sur y hacia el Este. "Mientras los países OCDE seguían colapsando, los emergentes siguieron sus sendas de crecimiento. India atraía un récord de 80.000 millones de dólares en inversiones directas, el doble que en 2009. En Brasil, la petrolera Petrobras, una de las mayores del mundo, lograba colocar la mayor emisión de la historia (67.000 millones de dólares). La mayor fortuna del planeta ya no está en Estados Unidos, sino en México. En total, los emergentes acapararon en 2010 el 40% del PIB mundial y el 37% de la inversión extranjera directa", recordaba recientemente Javier Santiso, profesor de economía de ESADE Business School y director de ESADE Centre for Global Economy and Geopolitics (ESADEgeo).

Según se transforma el poder económico y político, surgen nuevos campeones empresariales

Toda una legión de multinacionales procedente de esas economías va tomando posiciones en el tablero económico mundial. "Según se desplaza el poder político y económico mundialmente, surgen nuevos campeones empresariales a nivel regional que nos obligan a redefinir las soluciones y los retos del mundo empresarial a nivel global", asegura Lourdes Casanova, profesora de la escuela francesa de negocios Insead y autora del libro Global latinas: las multinacionales emergentes latinoamericanas. Las multinacionales procedentes de países emergentes ocupan ya muchos de los primeros puestos del ranking mundial de empresas por capitalización bursátil y han protagonizado algunas de las operaciones de fusión y adquisición más importantes de los últimos años -como la compra de una división de IBM por la china Lenovo o la de las británicas Land Rover y Jaguar a manos del gigante indio Tata Motor-. En España, las inversiones de los emergentes rondan los 18.000 millones en apenas dos años, un monto que puede aumentar fácilmente dadas las necesidades de financiación de la economía española.

Claro que el éxito no está exento de riesgos y el gran reto de los emergentes pasa por saber gestionar la abundancia. El tiempo dirá.