La irrupción de la plataforma WikiLeaks abre nuevas expectativas para los medios entendidos como contrapoder
Julian Assange, en el jardín de la casa donde estuvo en arresto domiciliario, en Bungay (Reino Unido).
Toda la información almacenada en sucesiones de ceros y unos. Interminables secuencias de estos dos números, el cero y el uno, marcando la agenda informativa, dando paso a una nueva era en el periodismo. Esto es lo que, en cierto modo, le ha pasado a este viejo oficio con la irrupción de WikiLeaks: el acceso a inmensas bases de datos, datos que se almacenan en los ordenadores con el sistema binario de ceros y unos, cambia el escenario. Filtrar se convierte en algo más sencillo. Y se puede filtrar en cantidades industriales.
"Vivimos en una sociedad basada en bases de datos. Las implicaciones de este hecho son monumentales, y todavía no nos hemos percatado demasiado". Lo cuenta por teléfono desde Lisboa Rosental C. Alves, gran gurú iberoamericano del periodismo online, brasileño afincado en Tejas que dirige el prestigioso Knight Center for Journalism in The Americas. De paso por la capital lusa para seguir con sus labores de evangelización acerca del gran cambio digital, nos atiende por teléfono en una tranquila tarde de domingo: "Todos nuestros datos están documentados e indexados. Los Gobiernos tienen una capacidad de almacenamiento de información sin precedentes. Ahora es mucho más fácil y rápido hacer filtraciones".
Hemos entrado en una nueva era. Una nueva era en que filtrar será más fácil, en que cualquier empleado de una empresa o Administración dispondrá de un canal tecnológicamente seguro para transmitir información sin ser descubierto. Pero precisamente la entrada en esa era es la que empuja ahora a Gobiernos e instituciones a protegerse, a ser más cuidadosos con la información que almacenan y con quién tiene acceso a ella. ¿Cómo se dilucidará este combate de fuerzas?
El llamado data driven journalism, el periodismo de base de datos, abre las puertas a una mayor transparencia. Será más fácil controlar las cuentas de quienes administran nuestros impuestos. Será más fácil controlar la gestión de nuestros administradores. "Nos permitirá recuperar el sentido de contrapoder", expresa Bernardo Díaz Nosty, catedrático de Periodismo. "Lo del cuarto poder parece que cada vez está más en desuso".
La trascendencia de la contribución de WikiLeaks a la historia del periodismo ofrece pocas dudas. No solo por el contenido de sus megafiltraciones. Por el continente. Las grandes dotes de Assange como hacker, sus conocimientos de programación y su denodada apuesta por la transparencia le permitieron diseñar, en compañía de otros, un buzón en el que la fuente, mediante conexiones cifradas, podía subir vídeos, documentos o audios confidenciales sin dejar un solo rastro. Bingo.
El buzón de WikiLeaks, en estos días, sigue desactivado. En fase de reconstrucción.
Julian Assange tuvo que ir perfeccionando su idea inicial. "Fracasó en su teoría de que haciendo accesible la información a todo el mundo, los voluntarios se encargarían de despiezarla", comenta Ignacio Escolar, reputado blogero. Assange se dio cuenta de que era mejor asociarse con esos medios tradicionales a los que repudió durante tantos años. Ellos serían los encargados de trabajar con esa información, de aportarle el contexto necesario. Toneladas de información, si no están organizadas con criterios periodísticos y contextualizadas, son eso, toneladas de información de difícil digestión. "Fue una buena idea acercarse a algunas de las mejores organizaciones de prensa del mundo para decidir qué publicar y qué no", dice Rosental C. Alves.
Assange es el pionero. Ha abierto el camino. Habrá que ver qué otras plataformas consiguen situarse en el nuevo ecosistema. Porque está claro que ha conseguido que su marca equivalga hoy día a filtraciones. No será fácil desbancarle. Ya empiezan a surgir plataformas similares. OpenLeaks es la que ha puesto en marcha su exsocio, el alemán Daniel Domscheit-Berg. Aún no está operativa. Se presentan como meros intermediarios que ponen una tecnología segura a disposición de la fuente y le dejan incluso escoger por vía de qué medio quieren que se dé a conocer la información. Brusselsleaks no admite que se le filtre material en estos momentos, pero anuncia en su página que lo hará en breve. Incluso ha surgido una versión regional en España, KanariLeaks, que recoge filtraciones para destapar chanchullos en las islas Canarias. Los grandes medios también abren sus propios canales para acoger filtraciones: lo ha hecho la cadena catarí Al Yazira. The New York Times se lo está pensando.
"Tenemos las perforadoras, lo lógico es que empiece a manar agua". Así lo expresa Bernardo Díaz Nosty, que considera que la lucha por una mayor transparencia no hace otra cosa que acentuar la cultura de la democracia: "Detrás de la opacidad está la corrupción, el oscurantismo, y todo aquello que entorpece la relación entre representantes y representados".
Rosental C. Alves sostiene que la lucha por una mayor transparencia ha tenido, no obstante, ciertos efectos contraproducentes en Estados Unidos. Considera que lo publicado por WikiLeaks, dado su volumen, fue más allá de la denuncia y destapó más cosas de las necesarias. No se limitó a denunciar malas prácticas o corruptelas. "El periodista puede publicar secretos en nombre del interés público, pero eso no quiere decir que todo lo que sea secreto debe ser publicado. Este aspecto tan radical y anarquista que tuvo acabó perjudicando, porque dio la razón a las fuerzas antitransparencia". Alves argumenta que la irrupción de WikiLeaks ha generado nuevas leyes más restrictivas que han cambiado el ambiente de transparencia que se respiraba en la Administración de Obama. "Los puso a la defensiva".
Díaz Nosty considera que la irrupción de WikiLeaks ha sido un revulsivo para los medios tradicionales, pero que, muy rápidamente, la mayoría han vuelto a sus prácticas de siempre. Ni han hecho una apuesta más decidida por el periodismo de investigación, ni por ejercer de un modo más eficaz su papel de contrapoder. "Ha sido un episodio de explosión de información".
WikiLeaks ha supuesto un soplo de aire fresco, ha despertado a los medios, les ha recordado cuál es su papel y ha abierto una nueva era. Una nueva era en que será fundamental la función de los tecnólogos, para que ofrezcan buenas soluciones que otorguen seguridad a las fuentes. Una nueva era en que será fundamental el papel de los periodistas, que deberán tratar esos flujos de información para hacerlos digeribles, comprensibles. Y una nueva era para el ciudadano, en cuyas manos también está el futuro del periodismo de investigación, que debería sobrevivir en la revolución digital, que de hecho ya sobrevive por medio de iniciativas como ProPublica. Solo en la medida en que los ciudadanos lo reclamen y apoyen a los medios que lo hacen podrá sobrevivir esa función del contrapoder. El periodismo de investigación requiere tiempo. Resulta caro. Y vivimos tiempos en que se lleva el gratis total.