Año 35: Construyendo el futuro

Compartir

La corrupción convierte a los políticos en problema

Las prácticas descubiertas por los casos Gürtel, Fabra, Brugal y ERE dañan la imagen de servidores públicos e instituciones

Álvaro Pérez, El Bigotes , conversa con Vicente Rambla, detrás de Francisco Camps, mientras Ricardo Costa habla por teléfono en un congreso del PP valenciano.

Soborno, nepotismo, fraude, tráfico de influencias, cohecho, negociaciones prohibidas... "Todo abuso de un poder público con fines privados", es como define Transparencia Internacional la despreciable práctica de la corrupción. El hecho es que en España, las referencias a este sonoro concepto se han extendido de norte a sur y de este a oeste, incluidas las islas. Y, últimamente, con tramas perfectamente organizadas.

En las listas de las elecciones del 22-M se presentaron un centenar de imputados

Algunos políticos reciben sobornos, o regalos. O utilizan mal fondos públicos de unas arcas cada vez más exiguas. Pero la ley -hasta que se dicta una sentencia condenatoria-, la desarticulada ética y los inadecuados mecanismos de control posibilitan que sigan sentados en sus sillones de representantes públicos, cobrando de las mismas cuentas de la Administración. También lo hacen posible los ciudadanos que les mantienen su aval en las urnas. En las pasadas elecciones del 22-M se presentaron más de un centenar de candidatos imputados.

La clase política sigue siendo el tercer mayor problema para los ciudadanos, según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del pasado mayo. Y buena parte de esa percepción se achaca a la corrupción. Pese a ello, según sociólogos y politólogos, estas prácticas no hacen mella en el ciudadano a la hora de votar, porque las perciben como algo ajeno.

Pero la corrupción tiene incidencia no solo en la imagen de los políticos, sino que también tiene un coste económico y, lo que es más grave, provoca el deterioro de las instituciones, de la confianza sobre lo público y, por tanto, de la democracia.

» Coste económico. En España no existe ningún estudio global sobre el coste económico de la corrupción. El foro Economismo, de EL PAÍS, abrió un debate en el que el director general de Deusto Business School, Manuel Escudero, aseguró que "la corrupción añade un 10% al coste total de los negocios". Para el profesor de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alcalá José Carlos Díez el problema es que "ya no gana el mejor contrato, sino el que más soborna, y los costes son desproporcionados".

Los contratistas investigados en el 'caso Costa da Morte' pedían "billetes grandes"

Como ejemplo, varios casos: el polideportivo Palma Arena que gestionó el Gobierno balear del entonces presidente Jaume Matas tuvo un sobrecoste de 40 millones de euros. La justicia también tiene en su mano los contratos de la Generalitat valenciana con el arquitecto Santiago Calatrava por los que este ya ha cobrado 2,7 millones de euros por un proyecto que aún no se ha iniciado.

En Andalucía, la propia Junta ha calculado en unos 10 millones el total de fondos públicos destinados a prejubilaciones y ayudas a empresas en crisis que acabaron en los bolsillos de intrusos que figuran en los expedientes de regulación de empleo (ERE) subvencionados.

» Percepción social y falta de ética. La imagen pública del político está seriamente dañada. "Se está desvirtuando el sentido del servidor público", afirma Domingo García Marzá, catedrático de Ética de la Universitat Jaume I de Castellón. No es de extrañar con frases como la dirigida por Álvaro Pérez, El Bigotes , uno de los cabecillas de la trama corrupta Gürtel al presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps: "Fíjate si te debo". "Quiero que nos veamos con tranquilidad para hablar de lo nuestro, que es muy bonito", respondió Camps.

Tampoco son edificantes los reflejos de la connivencia entre la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, y el constructor Enrique Ortiz, implicados en el caso Brugal , que, en conversaciones interceptadas por orden judicial, exponían los "apaños" de la primera al segundo. O la complicidad personal, mostrada en una conversación entre Ortiz y el esposo de Castedo: "... Porque Sonia tiene un gato por la mañana...".

Ni ayudan a mejorar la imagen de los representantes públicos las intervenidas en la Costa da Morte, cuando los contratistas pedían "billetes grandes", para pagar, supuestamente, las comisiones a los alcaldes. O el intento del presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, de atribuir ingresos de billetes de 500 euros en sus cuentas a extracciones realizadas en cajeros automáticos, que no disponen de moneda de este valor. Aunque más lejanas, tampoco se olvidan las alusiones del alcalde de Santa Coloma de Gramenet, Bartomeu Muñoz, que en el sumario del caso Pretoria alega haber hablado con el secretario municipal "y le he dicho que busque una clausulita que le permita seguir haciendo sin necesidad de concurso".

El catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Fernando Vallespín, expone cómo los diez primeros puestos del ranking de democracia "están ocupados por países protestantes" y explica que esto tiene que ver con la cultura política "que valora la responsabilidad individual y también la necesidad de asumir la responsabilidad de las conductas, tanto en lo privado como en lo público".

» Deterioro institucional. Aunque quizá sea la menos perceptible, sobre todo a corto plazo, la peor de las consecuencias de la corrupción es el deterioro de las instituciones y, por tanto, de la democracia. Así lo atestigua García Marzá: "El problema es que cuando la corrupción empieza a ser algo inherente a las instituciones, que está pasando, deja de tener sentido la institución y eso acaba con el sentido mismo de la democracia", añade.

Fernando Vallespín apunta que "sin una cultura política que tenga la ética como fundamento, no puede florecer la democracia". Y resalta la necesidad de interiorizar un conjunto de "normas éticas desde las que el individuo sea responsable del sistema".

En algunos casos, la "defensa" de los señalados como corruptos se centra en poner en tela de juicio la acción de los cuerpos de seguridad del Estado o de la propia Justicia, que es otra de las bases de la democracia.

Las corruptelas están demasiado extendidas, pero no son generalizadas. Hay muchos políticos honrados. Y hay soluciones. Solo hay que adoptarlas.