Año 35: Construyendo el futuro

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Que no les representan

El 15-M suena como señal de alarma de unos jóvenes movilizados para cambiar a fondo el sistema

Foto: ÁLVARO GARCÍA Concentración de miles de indignados en la Puerta del Sol de Madrid el pasado 20 de mayo, dos días antes de las elecciones municipales y autonómicas.

Piénsese por un momento en la imagen que tenemos de determinados regímenes africanos. Sistemas en que ciertas élites políticas esquilman a sus ciudadanos. Ahora, en vez de mirar desde España hacia el sur, desplacémonos hacia el norte de Europa. Y miremos hacia España.

"En España nos hemos cargado el valor de la democracia; se ha utilizado con ausencia de escrúpulos para el abuso de poder". La que habla por teléfono desde Londres es Montserrat Guibernau, catedrática de Ciencias Políticas en el Queen Mary College de la Universidad de Londres. "Hubo un momento de euforia democrática, pero no ha venido acompañado de una cultura democrática. La democracia es un proceso y no un estado al que se llega".

Montserrat Guibernau, que ha ejercido este año de catedrática visitante en Cambridge, observa el Movimiento 15-M desde la distancia. Lo ha seguido de cerca, pero desde lejos. Sostiene que se trata de una movilización social sin precedentes y argumenta que en España carecemos de unos valores sólidos, lo que hace que sectores políticos, financieros e inmobiliarios actúen sin ninguna ética. "Hemos visto numerosos casos de políticos que abusan del poder; en pro de sus intereses personales o de los de su partido. Se especula con el dinero de otros. Los políticos piensan que las posibilidades de que les pillen no son grandes. No hay valores sólidos de respeto, de solidaridad, de responsabilidad. Sin esos valores básicos, la vida en sociedad no funciona, cada uno va a lo suyo".

La profesora Guibernau hace un análisis que pone letra a la música que hemos escuchado en las plazas españolas en las últimas semanas. El 15-M no ha dejado de hacer ruido por el hecho de que se levantaran las acampadas. Esto es una carrera de fondo. En la que hay que ir convenciendo. Despertando al que se ha dormido. Resistiendo los embates de que los que se encuentran tan a gusto en el estado actual de cosas.

"El 15-M ha tenido un grado de inteligencia colectiva muy difícil de superar", sostiene Víctor Rodríguez, catedrático de Comunicación Política de la Universidad Juan Carlos I. "No ha caído en las provocaciones; ha resistido a las infiltraciones policiales, que eran los que querían mantener las acampadas para que se fueran debilitando. No han caído en los personalismos. Han mantenido un perfil plural e incluyente", añade este experto analista de movimientos sociales.

Una nueva generación está desarrollando una esfera pública paralela. En Internet. Y la han trasladado a la plaza, a las plazas. Si algo ha resultado emocionante en las acampadas ha sido ver las ganas que tenía la gente de que su voz fuera escuchada.

Un joven lee junto a un cartel colocado por los concentrados en la plaza de Cataluña de Barcelona.

Foto: TEJEDERAS Un joven lee junto a un cartel colocado por los concentrados en la plaza de Cataluña de Barcelona.

"El solo acto de escuchar no se ha producido. Ni un solo cargo elegido se ha acercado a la asamblea de Sol", sostiene Rodríguez. "Ningún partido ha hecho ofertas para que se creen corrientes internas; ningún líder; ningún sindicato". Rodríguez lo tiene claro: "O la clase política cambia de registro o caminamos a la berlusconización total y absoluta en España, con una clase política bunkerizada al margen de las dinámicas sociales".

El sociólogo Fermín Bouza, profesor en la Universidad Complutense, considera que hay un elemento fundamental, más económico que político, para explicar las movilizaciones. "La desafección hacia la política tiene mucho que ver, sobre todo, con el incremento del paro".

Daniel Innerarity, director del Instituto de Gobernanza Democrática, hace un análisis más político: "La política está ofreciendo un espectáculo lamentable, tanto en los debates como en su papel de ofrecer una orientación". Considera que la clase política vive instalada en el cortoplacismo, empujada por los medios de comunicación, que potencian la inmediatez, que ponen lo llamativo y escandaloso en primer plano. Pero para este catedrático de Filosofía Política, el gran reto del 15-M es el combate interno entre los que creen que la política es superflua, irrelevante y los que piensan que esto se soluciona con política. "Creo que el 15-M ha llamado la atención sobre problemas graves y ha hecho un gran favor a los valores democráticos. Lo que me preocupa es que derive en una crítica despiadada y sin matices hacia los políticos y el sistema político: sería hacer juego a los interesados en la despolitización".

Los ciudadanos se han lanzado a la calle para ejercer de contrapoder. No confían en sus intermediarios: ni en los partidos, ni en los sindicatos, ni en los medios de comunicación convencionales. El 15-M ha ayudado a que muchos jóvenes tomen conciencia de su papel de ciudadanos. Les ha animado a participar en el debate público. Ha puesto de manifiesto que no es que no les interese la política: es que no les interesa la que ven en los diarios y televisiones; las pequeñas batallitas dialécticas de cada día.

Han dado un toque de atención. Reclaman un cambio profundo. La clase política y económica, por ahora, hace oídos sordos, mejor que nada se mueva. Pues algo se está moviendo. Y esto no es un sprint para velocistas. Es una carrera de fondo.