Año 35: Construyendo el futuro

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Católicos, pero menos

La progresiva secularización de la sociedad contrasta con el apogeo de nuevas religiones ligadas a la inmigración

Que la sociedad española se ha secularizado a galope en los últimos 35 años no es ningún secreto: en 1978, el 90% de la población se declaraba católica practicante; en 2004, solo el 28,4% de los bautizados reconocía cumplir habitualmente con los preceptos de su fe. Pero el cordón umbilical que une a los ciudadanos con la madre iglesia persiste: nominal -o culturalmente- hablando, en 2010 el 70,8% de los españoles seguían considerándose católicos, si bien más de la mitad de ellos (el 56,5%) aseguraba pisar una iglesia solo para asistir a bodas, bautizos, comuniones o entierros, según el Barómetro de noviembre de ese año del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Ritos de paso que, con desigual fortuna, disponen ya de su correspondiente correlato civil: enlaces en el juzgado; ceremonias de bienvenida al neófito en Ayuntamientos; despedidas laicas. Lo que no es tradición, es plagio.

En un fenómeno paralelo y contra corriente, mientras los templos se vaciaban -también los seminarios; las vocaciones han caído un 30% desde 1990-, la Iglesia sacaba los púlpitos a la calle, renuente a asumir la práctica laicización de la sociedad española. Las cruzadas que la curia ha emprendido contra leyes como la del matrimonio homosexual (2005) o la inclusión en los planes de estudios de la asignatura de Educación para la Ciudadanía (2006), aun ruidosas, no son representativas de su verdadero protagonismo, a juzgar por las estadísticas: desde 2009 ya son mayoría las bodas civiles (lo fueron el 53,9% de las celebradas el año pasado, según el Instituto Nacional de Estadística); los no creyentes han salido abiertamente del armario (ocho millones de ciudadanos se declaraban como tales en el barómetro de diciembre de 2008 del CIS), y de alrededor de los 11 millones de católicos practicantes, esos que sí van a misa todos los domingos, solo unos 15.000 han objetado a que sus hijos estudien Educación para la Ciudadanía.

La Iglesia recibe del Estado desde la declaración de la renta de 2007 el 0,7% del IRPF

El catolicismo light de la mayoría de los españoles pone también de relieve una curiosa contradicción: en paralelo a la desaparición de la religión de los hogares, los símbolos de la fe católica se aferran a algunos escenarios de la vida pública -tomas de posesión, investiduras o funerales de Estado-, pese a la aconfesionalidad que la Constitución de 1978 consagra en su artículo 16. A esas anomalías debe poner fin la nueva ley de Libertad Religiosa, que, en sustitución de la de 1980, garantizará la neutralidad de los poderes públicos y desarrollará la laicidad del Estado. Sepultada por la "falta de consenso social y político" al respecto (según José Luis Rodríguez Zapatero, en noviembre de 2010), el proyecto de ley lleva meses paralizado. Económicamente, además, el lazo que ata a Iglesia y Estado parece más firme que el que sujeta a los fieles: en vez de la prometida autofinanciación suscrita en los acuerdos de 1979, que no ha llegado, ni tiene visos de hacerlo, a sustanciarse, la Iglesia recibe del Estado desde la declaración de la renta de 2007 el 0,7% del IRPF.

Desde el punto de vista sociológico, la Iglesia católica tampoco puede arrogarse el predominio de que gozó en épocas pasadas, no solo por el creciente desapego de los bautizados, sino porque la parroquia ha cambiado mucho en pocos lustros. De la mano del fenómeno de la inmigración, una nueva oferta confesional, casi de mercado, ha roto el monopolio de Roma: más de 2.500 iglesias evangélicas censadas -imposible saber cuántas franquicias operan al margen de registros- dan servicio a un millón largo de protestantes; un número indeterminado de mezquitas congrega a la población musulmana. De los 1,4 millones de musulmanes, el 37% tiene la nacionalidad española, entre conversos, inmigrantes nacionalizados y la segunda y tercera generación de inmigrantes, según datos de 2008 del Observatorio Andalusí, lo que demuestra que el islam es un fenómeno que echa raíces en España -cuarto país europeo con mayor número de musulmanes-, y no una moda de paso.

Pero, como el hijo pródigo que regresa a casa para aliviar en el regazo materno pesares y quebrantos, y en un movimiento que bien podría representar la cuadratura del círculo, los cada vez menos católicos españoles vuelven sus ojos a la santa madre iglesia, vía educación concertada -mayoritariamente en manos de religiosos-, para evitar a sus hijos una escuela pública que asume al 90% de los inmigrantes, lo que ha dado en llamarse éxodo blanco . La enseñanza privada concertada, terreno abonado para los grupos católicos más conservadores -como el Opus Dei, Comunión y Liberación o los Legionarios de Cristo-, bate récords en las comunidades de Valencia y Madrid, donde representa respectivamente el 40% y el 50% del total. Tras Bélgica y Malta, España es el tercer país europeo con más presencia de centros concertados, el 28%. Finlandia, el miembro de la UE con mejores resultados académicos, solo tiene un 1,3%.