Puente de Mayo en Andalucia

 

CARRETERA HACIA EL SUR

Vista de Zuheros (Córdoba) desde la carretera que sube a la cueva de los Murciélagos. / ANDRÉS CAMPOS

Cuatro viajes en coche por puertos de montaña, desiertos y acantilados. Rutas perfectas para el próximo puente de diciembre o para cualquier fin de semana.

ANDRÉS CAMPOS

 

En Andalucía hay 25.000 kilómetros de carreteras, suficientes para rodear con un cinturón más de medio planeta. Difícil decir cuáles son las más bellas. Están las que suben (o, más bien, trepan) a Ronda desde la Costa del Sol, las que enhebran los pueblos morunos de la Axarquía malagueña, las que culebrean por las Alpujarras, las que atraviesan la sierra de Aracena entre castañares y dehesas rebosantes de cerdos de túrgido y renegrido pernil. Para acabar de decidirnos, hemos consultado los foros de moteros, que para esto tienen muy buen gusto.

01 De Las Hortichuelas a San José (ALMERÍA)

Pocos contrastes tan violentos (y gozosos) como el que produce entrar en el parque natural del Cabo de Gata tomando la salida 487 de la autovía del Mediterráneo (A-7). Tras atravesar Campohermoso -al que le queda muy poco espacio libre del plástico de los invernaderos- y los yermos fantasmales de Fernán Pérez, la carretera se asoma de golpe, como si Dios descorriera un telón, al valle de Las Hortichuelas, cuyos cerros volcánicos, casas blancas y verdores parecen sacados del archipiélago canario. Al fondo queda la playa de Las Negras, y a la izquierda, sólo accesible a pie o en barco, la cala de San Pedro, penúltimo refugio hippy del Mediterráneo.

Del verde tropical de Las Hortichuelas se pasa en otro instante al rojo marciano de Rodalquilar, valle alucinante en el que bostezan por doquier las bocaminas de antiguas explotaciones auríferas. Por el camino se anuncian seductores hotelitos y restaurantes familiares donde aún se pueden catar los gurullos, el trigo y las ollas invernales. Y dos desvíos obligados: al Playazo, para nadar y bucear entre acantilados de roca amarilla, como catedrales de oro, y a la torre de los Lobos, para estirar las piernas (hay que andar 45 minutos) y otear el panorama desde el faro más alto de España (265 metros).

Un cambio de rasante brutal, como de montaña rusa, conduce al mirador de la Amatista, tremendo despeñadero desde el que se dominan los 20 kilómetros de calas y promontorios que se suceden hasta la torre de la Vela Blanca, junto al cabo de Gata. Y una bajada fuerte y revirada, de segunda marcha, a la Isleta del Moro, la aldea de sabor más marinero de la comarca, con sus peñones gemelos llenos de gaviotas, sus barcas varadas en la orilla y su blanco caserío relumbrando sobre un fondo de palmeras. En apenas diez kilómetros, hemos pasado de Canarias a Marte y de Marte a África. Más suavemente ya, la carretera se arrima a Los Escullos, donde el mar ha labrado un famoso arco en la arena petrificada de una duna antediluviana, rodea por la derecha el cerro del Fraile -máxima altura del parque: 493 metros- y enhebra El Pozo de los Frailes, otro pueblo africano, que se acurruca alrededor de la noria de sangre con que antaño le arrancaban algunas lágrimas de agua a esta esquina reseca del mapa andaluz.

Al final de la carretera aparece San José, el núcleo más turístico del parque, demasiado civilizado para estos desiertos, pero perfecto para tomarse una cañita con su tapa de jibia en salsa antes o después de continuar, ya por pista sin asfaltar, hacia algunas de las playas más hermosas del mundo: Genoveses, Barronal, Monsul, Media Luna, Cala Carbón...

» Restaurante El Ajillo (950 38 97 20; www.posadaelajillo.com). Rodalquilar. Establecimiento familiar donde se cuida la cocina almeriense; dispone además de una agradable posada rural. Unos 30 euros por persona.

» Hotel de Naturaleza (950 38 98 38; www.hotelrodalquilar.com). Rodalquilar. Concebido casi como un museo, con esculturas del marmolista de Macael Diego Cano y cascada llenando la piscina. Buen restaurante también. Habitación doble, desde 92 euros.

» Turismo de Almería (www.almeria-turismo.org).

02 Puerto de Tíscar (JAÉN)

Espectacular de principio a fin la carretera A-6206, que va de Pozo Alcón a Quesada cortando un pico de la sierra de Cazorla: 27 kilómetros de curvas, precipicios, cascadas, túneles y atalayas de cuando moros y cristianos se disputaban estos pasos de cabras. Nada más empezar, atraviesa un tajo que quita el hipo, el del río Turrillas, entre cantiles de tierra anaranjada, que se desmenuza con sólo tocarla, y luego ofrece un sorprendente desvío a Cuenca, que, claro está, no es la Cuenca castellano-manchega.

Prohibiciones de ir a más de 40 y, acto seguido, de 30, anuncian un tramo de vueltas y revueltas, con vistas cada vez más aéreas sobre el valle desértico del Guadiana Menor. A medida que se gana altura, los almendros y los olivos van cediendo terreno a los pinos laricios, y las cárcavas descarnadas y sedientas, a las paredes verticales de roca caliza por las que el agua cae a chorros, cual se descubre al cruzar el barranco de la Canal. En el arcén, letreros que recomiendan no salirse de los caminos, porque es zona de caza mayor.

Un túnel horadado en la pura roca da acceso a Tíscar, lugar de vértigo instalado a horcajadas entre el cerro del Caballo y la riscosa Peña Negra, con su castillo roquero y su cielo tachonado de águilas y buitres leonados. Aquí, en el punto kilométrico 14, parada forzosa para visitar la cueva del Agua, donde el arroyo Vadillo se abre paso a través de una monumental oquedad formando cascadas, toboganes y pozas. Dicen que en esta gruta la Virgen se le apareció en 1319 a Mohamed Abdón, a la sazón rey de Tíscar, y que los moros tuvieron que tirar siete veces su talla barranco abajo, porque siempre volvían a encontrarla arriba.

El santuario de Tíscar, que está poco más adelante, es lugar de peregrinación desde la Edad Media y, más modernamente, de restaurantes donde se saca el cuerpo de mal año con el llamado plato serrano, que lleva de . Cinco kilómetros más y se corona el puerto de Tíscar, sobre el que descuella, a mano derecha, la atalaya del Infante Don Enrique, torreón cilíndrico que mandó construir el hijo de Fernando III el Santo para vigilar esta frontera del reino de Granada, hoy habilitado como mirador. Detrás, asomando como una proa gigante, se ve la mole pétrea de la Cruz del Rayal. Y bajando hacia Quesada -cuna y museo del pintor Rafael Zabaleta-, olivares hasta el infinito.

» Restaurante El Vadillo (953 71 35 18). Tíscar. Junto al santuario, especialidad en carnes de monte. Precio medio: 25 euros por persona. Tiene también habitaciones con vistas al río.

» Restaurante Casa Luciano (953 73 39 06; www.casa-luciano.com ). Quesada. Carnes cocinadas al carbón de encina. Alrededor de 20 euros.

» Hotel Los Nogales (953 71 82 49; www.hotelrurallosnogales.com). Pozo Alcón. Habitaciones con chimenea al pie de la sierra de Cazorla. A partir de 74 euros.

» El Mirador de Tíscar (650 14 64 46; www.casasruralescazorla.com). Tíscar. Casas de alquiler completo en las vecindades del santuario. Desde 48 euros por noche.

» Turismo de Jaén (www.promojaen.es).

03 Vuelta a la sierra de Cabra (CÓRDOBA)

Hay en esta zona mucha montaña guapa, de falda verde (olivar) y carita blanca (roca caliza). Y mucha carretera para verla cómodamente desde el coche.

Lo mejor es comenzar subiendo desde Cabra a la ermita en lo alto del monte, de la que dicen que se alza justo en el centro geográfico de Andalucía. Por esta carretera, además de un amplísimo paisaje, veremos el lapiaz de los Lanchares, donde la roca aparece fisurada en mil direcciones, como rastrillada por un gigante. Es un proceso erosivo típico de la piedra caliza, o fenómeno kárstico.

El viaje continúa por la A-339 bordeando la sierra por el sur, para enseguida desviarse hacia Zagrilla Alta por la CO-7210, que es una carreterilla muy virada y entretenida, de las de pasas tú o paso yo. En Zagrilla Alta están las Villas Turísticas de Priego, unas casas rurales que forman una suerte de pueblo típico andaluz, con unas vistas de escándalo y un restaurante de platos suculentos a cargo de Antonio Luis González, el jefe de cocina.

Sinuosa y solitaria, la serpiente de asfalto se arrastra por los montes de Esparragal y Luque hasta Zuheros, el pueblo cordobés de castillo más altivo y de más impecable caserío, en el que los muros encalados se rematan por abajo con una finísima línea negra para que la unión con la acera sea perfecta. La cenefilla, le dicen a esto. El mejor mirador de Zuheros, de sus tajos y de los olivares que se extienden hasta Baena es la carretera que sube zigzagueando a la cueva de los Murciélagos. Y la mejor posada, Hacienda Minerva, un cortijo del siglo XIX situado junto a la vía del desaparecido tren del Aceite, hoy acondicionada para los que gustan de pedalear sin cuestas, y quién no.

Aunque existe una carretera grande y moderna que rodea la sierra por el norte, es mejor seguir un par de viejas locales -la CO-6203 y la CO-6211- que, sin alejarse apenas de la vía verde, llevan tranquilamente de Zuheros a Doña Mencía y de Doña Mencía a Cabra. Por cierto, que a los nacidos en esta villa, como Juan Valera o Dionisio Alcalá Galiano, se les llama egabrenses.

» Villas Turísticas de Priego (957 70 35 03; www.villadepriego.com). Zagrilla. Arquitectura típica, buenas vistas y copiosa cocina tradicional. Alojamiento para dos personas, a partir de 79 euros.

» Hacienda Minerva (957 09 09 51; (www.haciendaminerva.com). Zuheros. Hotel rural rodeado de olivos centenarios, con taberna tradicional y restaurante de alto nivel. Habitación doble, desde 85 euros.

» www.turismodelasubbetica.com

04 De Barbate a Los Caños de Meca (CÁDIZ)

Tan sólo diez kilómetros separan estas dos poblaciones, famosas por sus playas salvajes, sus vendavales windsurferos y sus acantilados, a los que se asoma el parque natural de la Breña y Marismas de Barbate, que pese a su largo nombre es el más pequeño de Andalucía. Por él discurre la carretera A-2233, cuya vista más fotografiada, bajando ya hacia Los Caños, incluye el sol apagándose en el mar y el cabo de Trafalgar, con su tómbolo y su blanco faro de 34 metros. A uno y otro lado del camino, masas bienolientes de pinos piñoneros y, sobre el suelo arenoso, siemprevivas, barrillas, almajos e higueras a cuyo arrimo proliferan herrerillos, carboneros, pinzones, jilgueros y... ¡un camaleón! Precaución, el mayor enemigo de este reptil impasible -aparte de él mismo, por moverse a cámara lenta- son los coches, señaladamente durante la reproducción, pues su época de mayor actividad sexual coincide con el barullo de las vacaciones veraniegas. Su visión estereoscópica (capacidad de mirar a dos sitios distintos al mismo tiempo) parece ser que no le resulta de gran ayuda en estos momentos de amoroso y automovilístico ajetreo.

Otro día, para variar, se puede hacer el mismo trayecto caminando por el filo de los tajos, entre el pinar y el abismo. Viejas atalayas -una de ellas, a 162 metros sobre el nivel del mar- jalonan este sendero desde el que, en los días claros, se avizoran las costas africanas.

» Hotel La Breña (956 43 73 68; www.hotelbrena.com). Caños de Meca. Hotel de temporada con vistas a la playa y al parque, trato afable y cocina protagonizada por el atún rojo de almadraba. Habitación doble, 60-105 euros.

» Hostal Los Pinos (956 43 71 53; www.hostalospinos.com). Caños de Meca. Hostal familiar con amplios jardines y restaurante de cocina casera. Habitación doble, desde 40 euros.

» www.barbate.es

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