Fotos: Ana de Labra
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El reloj es un trocito de la historia personal de David. Era distribuido a los trabajadores de los antiguos Ferrocarriles Italianos y perteneció al abuelo de su pareja. “Ilaria me lo ha regalado para crear un vínculo entre su abuelo, al que amaba mucho, y yo, que no llegué a conocerle”, cuenta. Está siempre a su lado.
Entre los objetos que David B. se llevaría a una isla desierta están seguramente sus acuarelas que le permiten trabajar viajando. Por eso, las llevo siempre conmigo. Tras varios viajes por Italia ha escrito Journail d´Italie, del que está ultimando la segunda parte, que conserva el mismo título pero va a contar sus viajes a Extremo Oriente.
David B no se desprende nunca de su cuaderno. El que tiene encima de su escritorio es de tapa rígida y negra, las páginas porosas para adsorber los colores y la tinta china. “Para empezar compro cuadernos del lugar donde estoy y los uso para recoger las imágenes y sensaciones que aquella ciudad me transmite”, explica mientras hojea una libreta donde trazó bocetos y pequeñas anotaciones durante su viaje a Osaka.
La mesa es el mueble que tiene más historia de un estudio sencillo con un aire esencial y casi impersonal. Estaba olvidado en una vieja casa de campo de la familia de Ilaria, su pareja. “Perfecta para dibujar”, dice el autor, “porque es muy profunda y se puede tener siempre enfrente las fotos y los bocetos que inspiran el trazo”.