Fotos: Herminia Sivent
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Los prismáticos soviéticos que Francisco Ferrer Lerín compró en Barcelona a principios de los setenta para regalar a su mujer, Concha Jiménez, concejala del Ayuntamiento de Jaca. “Son muy duros. Han aguantado bien. Gracias a ellos pude hacer una observación capital en mi vida ornitológica: la cita excepcional de un buitre negro, especialidad mediterránea, en el Pirineo”.
Una botellita de madera en la que su abuelo, que era médico denstista y su padre, también dentista, guardaban argentofenol para combatir las aftas bucales. “Es como si fuera una pequeña urna con las cenizas de mi padre. Cuando la abro noto su presencia”.
Unas balanzas antiguas, de su abuelo. “No llegué a conocerle, pero he guardado esas balanzas en las que él preparaba sus mezclas”.
El tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias. “Se publicó en 1611. A principios de los años cuarenta del siglo XX un editor barcelonés publicó una edición facsímil con introducción de Martín de Riquer. El ejemplar que yo tengo es un facsímil del facsímil. Es fundamental para mi trabajo”.
Los prismáticos
Una botellita
Unas balanzas
Un tesoro