Fotos: Claudio Álvarez
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“Me encantan los belenes, siempre los hago”, explica Cristina Fernández Cubas, que comenta que ahora ya tiene siempre este “belén eterno” en una vieja mesa de hierro y mármol situada en un rincón del salón de casa. Es un belén atípico. El nacimiento es una capilla portátil de origen peruano a la que ella le ha ido añadiendo vegetación y otros elementos comprados en la feria navideña de Santa Lucía, tres nazarenos, una pequeña manada de eleantes, varios gallos portugueses y dos toreros que dan fe de su afición a la tauromaquía. “Estoy furiosa con la prohibición, lo encuentro absurdo”, afirma.
Es una de las fotografías a las que tiene más cariño. Ella es la que va de gitana y la fotógrafa Colita de torero. “No recuerdo bien el año, sólo que estábamos en el Tibidabo haciendo un reportaje y nos reímos mucho”, comenta Fernández Cubas.
En su casa pueden verse frascos con distintas arenas, pero éste es especial. “Cogí la arena del teatro de Mérida cuando estrenaron la Orestiada, en la adaptación que hizo mi marido y que dirigió Mario Gas. El frasco me lo regaló Vicky Peña y el tapón fue lo último”, comenta.
Le encantan los abanicos o, al menos, se ve que tiene muchos repartidos por toda la casa. El que ahora está sobre su mesa de trabajo es uno de los que hace su hermana, que acababa de regalárselo.
De la gran B con la que se honora a los que ha recibido el premio Ciutat de Barcelona (ella lo recibió en 2009 por “Todos los cuentos”) lo que más le gusta a Cristina Fernández Cubas es el cajoncito secreto de su parte posterior.
El “belén eterno”
Con su amiga Colita
La arena de Mérida
Abanico
La B con secreto