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El RINCÓN

El fan de la escritura

Fotos: Marcel·lí Sàenz

Selecciona los distintos elementos de la fotografía para conocer pequeños detalles de la vida de Jordi Sierra i Fabra

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Sobre el armario bajo del estudio de Sierra i Fabra se acumulan objetos que le han regalado los fans o que él mismo ha ido comprando en sus muchos viajes. “De octubre a mayo me dedico a viajar y escribir”, comenta. “Tengo 63 y estoy haciendo lo que siempre soñe, que es escribir y vivir románticamente viajando por todo el mundo”. De la Isla de Pascua a la India, mezcla los souvenirs clásicos con valiosas piezas de artesanía o pequeñas piedras recogidas en un río africano. Y todo condimentado con los gadgets musicales que pueblan su despacho.

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Están en todas partes. Fotografías de los cuatro en las paredes, varios submarinos amarillos sobre las estanterías, iconos de John, uno de sus ídolos al que ha dedicado varios libros. “Con ellos descubrí la música”, explica el escritor, que durante su etapa como periodista musical les dedicó varios libros. Tiene varias tazas dedicadas a los de Liverpool, una le sirve de lapicero.

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“¿De qué año es? No sé, si no llevo barba tiene que ser antes de 1974. Yo debía tener 27 años”. Jordi Sierra i Fabra atesora muchas fotografías con artistas del rock y del pop a los que entrevistó o conoció en su etapa como periodista musical y editor de algunas de las revistas musicales más populares de los años setenta. “Aunque la mayoría de fotografías se quedaron en las revistas”, comenta con cierta melancolía. Tiene fotos con Frank Zappa, Leonard Cohen, Dire Striites, Serrat, Queen, Miguel Bosé. Algunos eran tan jovencitos como él, otros ya llevan años fallecidos.

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A los diez años su vocación de escritor ya estaba clara. “Imitaba las novelas que leía y dibujaba incluso la portada y los créditos”, comenta. “Primero me hacía el librito de 135 páginas y después tenía que escribirlo a mano procurando que encara la trama con las páginas preparadas”, comenta. Los guarda como un tesoro y, asegura, ya auguraban el estilo que después ha tenido de mayor.

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Atesora en su casa unos 30.000 discos de vinilo, entre LP y singles. Están todos perfectamente ordenados e impolutos. “Tanto el disco como las portadas están como nuevas”, asegura, mientras vigila que el fotógrafo no les desmonte su perfecta clasificación. No se aprecian en el despacho los cd, pero naturalemente también los tiene, y muchos. “Cuando trabajo necesito escuchar música o estar en silencio absoluto”, afirma. “Como el silencio es difícil en Barcelona, normalmente me pongo música en función de lo que estoy escribiendo”.

Laboratorio de alquimia existencial
Objetos en la estantería

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Los Beatles omnipresentes

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Fotografía con Demis Roussos

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Los libros de su infancia

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Colección de discos

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