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Meditaba el monje en su retiro, y se le fue el santo al cielo.
Serena y melancólica, risueña y entristecida, quiero reir y no puedo, quiero hablar y no puedo, ¿quién me impide este silencio que yo no quiero tenerlo? A veces estoy llorando, pero llorando por dentro
Cuando cayó la última paletada de tierra recordó su claustrofobia y una antigua oración silenciosa se formó entre sus labios: Que la tierra te sea leve.
Donde las nubes rezan al viento nació la voz de la luz, nació en el universo celestial. Los campos eran azules y los cielos rojos, las lunas pintaban negras y los soles más blancos que los polos.
El anciano octogenario fue reprobado en su microrrelato; volvió a mandar otro y tampoco salió; pensó que era un viejo decrépito que ya no servía para nada.