Por Javier Fernaud / Barcelona
Tras las Olimpiadas de Barcelona 92, la segunda ciudad española experimentó una profunda transformación que enorgulleció a su ciudadanía. Quince años después de este evento, los rescoldos olímpicos se han apagado y los barceloneses se muestran cansados de los problemas de una ciudad en la que el sentimiento pesimista es predominante.
Es curioso que la mayoría, incluso los partidarios del actual alcalde, Jordi Hereu, afirmen rotudamente que la ciudad ha ido a peor en la última legislatura. La inseguridad ciudadana es una de las principales causas de este descontento. Un jubilado se lamenta de que ya no pueda realizar paseos nocturnos por el miedo a que le asalten; otra señora añora los tiempos en los que podía salir de su casa sin cerrar a cal y canto su ventana; muchos otros critican la desidia de las autoridades municipales en esta materia.
El ruido lo inunda todo
Que la contaminación acústica es uno de los principales problemas de las grandes ciudades es un dato sobradamente conocido, pero en Barcelona llega a su punto más álgido. El sonido de las motos, combinado con el de los vehículos crea una sinfonía desagradable que encoleriza a los viandantes, que piden restringir el tráfico en el centro, abrir más calles peatonales y ampliar los carriles bici existentes, que gozan de la aprobación popular y son utilizados por muchos ciclistas como alternativa de movilidad.
La vivienda es la segunda causa del descontento de la gente. Una emigrante comenta hastiada que tiene ganas de marcharse de aquí porque con su sueldo apenas llega para pagar el alquiler a fin de mes. Todos los jóvenes con los que ha hablado elpais.com corroboran esta preocupación y ven inalcanzable la posibilidad de independizarse.
Además de estas inquietudes, la ciudad ve como muchos de sus mayores viven en soledad con unas condiciones económicas paupérrimas. Esta situación afecta a miles de jubilados que carecen de una asistencia domiciliaria adecuada. Es curioso ver cómo los más jóvenes comentan esta situación y reclaman soluciones y ayudas par este colectivo.
Jordi Hereu, bien colocado
En el apartado político, nada parece que se mueva en Barcelona. Pese a la crítica brutal a la gestión de la ciudad, la mayoría está convencida de que continuará el tripartito con pocos cambios y valora positivamente la figura del actual alcalde Jordi Hereu, todavía desconocido para bastantes barceloneses. Pero es un apoyo sin pasión ni entusiasmo, con la sensación de que poco cambiará tras el 27 de mayo. Es llamativo que muchas personas se declaren alejadas de los actuales políticos y afirmen rotundamente que no piensan votar o que lo harán en blanco "para dar una lección a los políticos", señala una quiosquera.
Sin embargo, existe un cansancio latente tras 28 años de gobiernos socialistas ininterrumpidos en la ciudad y muchas personas verían con buenos ojos un cambio en el Consistorio que colocará al candidato de CiU, Trías, como alcalde para limitar el poder de los socialistas, que actualmente copan todas las administraciones.
Barcelona se enfrenta con estos retos al futuro con cierta inquietud. Una vuelta por los alrededores de la Sagrada Familia y por el Paseo de Sant Joan conversando con sus ciudadanos es suficiente para captar este sentimiento crítico de los barceloneses hacia su ciudad. Pero como afirma otro señor : "Pese a todo, me encanta Barcelona". Y es que la ciudad conserva su encanto.
Últimas noticias de las elecciones
Agregador de bitácoras de políticos españoles