Por Javier Fernaud / Sevilla
Varios sevillanos recitan la misma frase al referirse a sus preferencias electorales en estas municipales: “Más vale lo malo conocido…” Esta sentencia resume el sentimiento de muchos: no están contentos del todo con la gestión del actual alcalde pero se resisten a un cambio de color en el Ayuntamiento.
El fin de las obras parece haber mejorado la imagen del alcalde Monteseirín, del PSOE, que afronta los comicios con el viento a favor de los sondeos. Pero la batalla está abierta, pues el socialista no genera ningún entusiasmo, ni siquiera entre sus partidarios, aunque tampoco ninguno de sus contrincantes.
En general, se percibe una cierta sensación de resignación por la situación política que se transforma en pasotismo entre los más jóvenes. Todos coinciden en que ganará el PSOE; unos creen que “por tradición”, otros porque “ha mejorado la ciudad” y finalmente la mayoría asegura que “en Sevilla siempre ganan los socialistas”.
Un breve paseo por el centro histórico muestra una ciudad en auge, con amplias zonas verdes, que ha sabido combinar la tradición de los carros de caballos y las procesiones con la modernidad de las edificaciones de la Expo 92. El cuidado entorno del Guadalquivir es la bella tarjeta de presentación para los turistas que se acercan a la capital hispalense.
La movilidad es la clave
El tráfico endiablado es quizás la principal pesadilla de los sevillanos. El progreso de Sevilla no ha ido acompañado de una mejora de los transportes y sí de un gran aumento del número de vehículos privados. El tranvía y el metro se presentan así como una posible alternativa al coche, pero las obras para hacerlos realidad han causado un profundo malestar ciudadano.
La bicicleta es otra de las alternativas de movilidad. La creación de numerosos carriles bici por parte del equipo de Gobierno actual ha provocado una gran división y la mayoría se queja de que su construcción ha conllevado una reducción significativa de las plazas de aparcamiento.
La inseguridad, o mejor dicho, el sentimiento de inseguridad, es otra de las principales quejas. La sensación de que no se puede pasear tranquilamente se ha extendido por el casco histórico, aunque es curioso que muchos de los ciudadanos que citan este problema reconocen que no lo han sufrido directamente. Son éstos los problemas de cualquier gran urbe en crecimiento, por lo que los sevillanos están pese a todo satisfechos del auge económico de los últimos años.
A finales de mayo los termómetros marcan más de 37 grados, por lo que una joven reclama al Consistorio más piscinas municipales para aliviar el calor asfixiante. Unas temperaturas que no impiden a los habitantes de Sevilla afirmar que viven en la mejor ciudad. “Sólo le falta la playa”, asegura una señora abanico en mano. El próximo 27 de mayo, los sevillanos se medirán la temperatura política y la batalla por la ciudad será, sin duda, una de las que más tendrán en cuenta los partidos para hacer sus análisis a escala nacional.
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