Pedro Chicote fue un prodigio de los cócteles desde que con siete años tuvo que ponerse a trabajar en un mercado. Allí ofrecía ingeniosas mezclas a los pescadores que paraban de madrugada. Con 17 años fue contratado como camarero en el hotel Ritz, donde el embajador de Brasil le regaló una botella de licor. Desde entonces comenzó su fiebre coleccionista y tras abrir el bar de copas que lleva su apellido en Gran Vía, 12, en el año 1931, instaló un museo de bebidas donde almacenó casi 20.000 botellas únicas. Ava Gardner y Ernerst Hemingway se han paseado por el local. Artistas, escritores y políticos fueron y son su mejor clientela.
Mira en dos minutos cómo son 24 horas de esta frenética vía. Aquí no se duerme, no se para. Disfruta con un vídeo en HD
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