Juan-José Fernández
Si existe un testigo de excepción en el deporte mundial de las tres últimas décadas, ése es Juan Antonio Samaranch. Camino ya de los 86 años, que cumplirá el próximo 17 de julio, el hombre que mandó durante 21 en el Comité Olímpico Internacional (COI) tiene mejor que nadie las claves de una evolución en la que ha sido motor y protagonista fundamental. Ahora dice que tiene prestigio, pero no poder, y él no suele equivocarse. Lo ha hecho pocas veces en una carrera que le ha llevado a cambiar el máximo organismo deportivo mundial y a convertir los Juegos Olímpicos, su escaparate de lujo, en el mayor espectáculo del mundo y en el más rentable. Habla de lo importante que ha sido la bonanza económica gracias a la televisión, y lo hace en primera persona del plural y siempre del CIO (las siglas en francés), porque sigue siendo presidente honorario y será siempre su casa. A su edad mantiene una salud envidiable y la cabeza lúcida, aunque es realista y dice que ya no es el que era. Pero las llamadas para consultar son continuas durante la entrevista y al día siguiente tiene previsto viajar a China, país con el que mantiene unas relaciones de amistad profundas, una prolongación hacia el Este de las que fraguó en su etapa como embajador en Moscú antes de ser elegido presidente en 1980. Su mayor orgullo es haber superado la crisis de corrupción de Salt Lake City, en 1999, que le permitió revolucionar el COI.
Pregunta. ¿Qué ha sido lo más importante en el deporte de estos últimos 30 años?
Respuesta. El deporte surgió a finales del siglo XIX y se desarrolló durante el XX. Y en éste hubo un punto de inflexión clave, la aparición de la televisión, que para mí fue algo impresionante y que es lo que más huella ha dejado.
P. Para beneficio y mayor gloria de los Juegos.
R. En México 68, el CIO no obtuvo ni un beneficio, porque el entonces presidente, Avery Brundage, que no era muy amigo de la televisión, dijo que renunciaba a todo. Que los Juegos Olímpicos habían vivido más de medio siglo sin ella y que podían vivir medio siglo más. Esto fue comparable a lo que dijo Coubertin sobre las mujeres, que estaban allí para aplaudir a los atletas, pero que no podían participar. En fin, son cosas de los tiempos, pero que ahora no se pueden ni comprender.
P. Al menos, Brundage sí acertó en decirle a usted que algún día sería presidente del COI.
R. En eso sí, y aun con sus planteamientos, tengo que decir que conmigo se portó siempre muy bien y me permitió ir mejorando mis posiciones en el CIO hasta llegar años después a la presidencia.
P. A su puesto soñado, en el que la televisión, según dice, fue su arma fundamental.
R. Sí, vino la etapa no sólo de la televisión, sino también del marketing, y se dio el salto definitivo. Pero el CIO tuvo además un gran acierto en todos estos años: no permitir la publicidad en los estadios olímpicos ni en los uniformes de los atletas. Así, el espectáculo de los Juegos Olímpicos se diferencia totalmente de los Campeonatos del Mundo.
P. Pero se ha acusado al olimpismo de hipocresía por no permitir en los estadios la publicidad, que está fuera en todas partes, aunque también podía haber ganado más dinero.
R.Quizá sí, pero los patrocinadores que tenemos nosotros quizá se hubieran anunciado aquellas dos o tres semanas de los Juegos, pero habrían perdido una cierta calidad, exclusividad.
P. Llegó al cargo en un momento muy complicado, con el boicoteo a los Juegos de Moscú, en 1980, y con muchos problemas sin resolver además de la utilización política. ¿Pensó que aquello podía ser la puntilla del olimpismo?
R. Cuando llegas a un cargo importante como la presidencia del CIO, lo más interesante es encontrarte que hay muchas cosas por hacer, que no está todo prácticamente resuelto. Y entonces se puede ver la diferencia. No, yo me di cuenta de que lo de los boicoteos se iba a ir acabando. Cuando entré en el CIO tuve las dificultades interiores de tener que luchar con una jefa de la administración [Monique Berlioux] que por lo que sea poseía desde Brundage poderes totales. Esto me impidió desarrollarme como yo quería los primeros años de mi presidencia. Tuve que esperar hasta 1985 para hacer la revolución total. Entonces, el CIO empezó a crecer de una forma impresionante.
P. ¿Cómo hizo la revolución, de forma empresarial, por prioridades?
R. Las cosas se fueron haciendo poco a poco, y, por ejemplo, al ir teniendo cada vez más medios económicos, se pudo llegar a su reparto.
P. ¿Se planteó entonces desde el principio conseguir ingresos porque el COI no hubiera sido lo mismo sin dinero?
R. Sin dinero no puedes hacer nada. Pero no hemos hecho con el dinero sólo Solidaridad Olímpica; también lo hemos repartido entre los comités nacionales y las federaciones internacionales, los otros pilares del olimpismo, y hemos reforzado así todo el movimiento.
P. Y acabó con la gran mentira del amateurismo también al revés de lo que hubiera opinado Brundage.
R. Se acabó con esta historia del amateurismo marrón, porque todos los países comunistas decían que allí no existía profesionalismo cuando había más que en ningún otro sitio. Todo señor de esos países que destacaba tenía la vida solucionada.
P. ¿Tuvo muchas dificultades para acabar con ello?
R. Sí, sí. La batalla la dimos con el tenis. Cuando empezó a mandar a los mejores jugadores, allí ya se abrió la puerta. La entrada definitiva fue con la participación del dream team de baloncesto de Estados Unidos en Barcelona 92.
P. Ha ganado grandes batallas, pero ha habido otras de igualdad y representación de las que parece muy satisfecho.
R. Sí, para mí ha sido también muy importante dar a la mujer el sitio que le pertenece dentro del mundo del deporte y la incorporación de los atletas como miembros.
P.¿De qué logro está más orgulloso?
R.De haber salvado la crisis de Salt Lake City. Yo tenía ya 79 años y creo que trabajé muy bien. Hasta saliendo airoso de ir a declarar a la Cámara de Representantes de Estados Unidos cuando me recomendaban que no fuera porque podía ser una encerrona.
P.Pero fue un punto de inflexión en el olimpismo
R.Fue una crisis gravísima, aunque exagerada, y acabó de forma lamentable, porque nosotros cumplimos con nuestra obligación y a los sospechosos que no habían obedecido ni respetado las normas éticas se los expulsó. Pero para que exista una corrupción a fin de con- seguir un voto o para lo que sea, hay siempre dos culpables, el que compra y el que vende. y al que compró no le pasó absolutamente nada. Pero, en fin, gracias a aquella crisis el CIO es hoy lo que es con las transformaciones que pudimos hacer en la Carta Olímpica cuando los miembros se dieron cuenta de que estaban en peligro. Y gracias a que estaban en esa situación acomplejada se aprobó que renunciaran a una serie de ventajas que tenían a la organización anclada en el pasado. Se logró la nueva composición con la presencia de los dirigentes más importantes; el final de los viajes, potencial fuente de corrupción; que todos los miembros tengan que ser reelegidos cada ocho años en votación secreta, y también bajamos la edad máxima de 80 años a 70.
P.No ha nombrado el conseguir los Juegos de Barcelona como su mayor logro
R.Es que fue bastante fácil. Sin decir nada a nadie, si tú tienes el poder lo tienes todo. Es lo que yo digo ahora: tengo prestigio, pero no poder.
P.¿Y cómo ha visto el deporte español en estos años?
R.Barcelona marcó un antes y un después y permitió la incorporación de muchos deportes a la élite, lo que antes había sido imposible. El Programa ADO, que promovió el fallecido y gran presidente del COE Carlos Ferrer Salat, fue clave.
P.¿Creyó que iba a estar 21 años en el cargo cuando empezó?
R.No, pero me hubiera gustado estar cuatro años más. Lo que ocurre es que habría tenido que cambiar las normas, las mismas que yo impulsé, para seguir. Además estaba bastante tocado físicamente, y la prueba es que el mismo día que dejé la presidencia caí enfermo.
P.¿Le ha faltado algo por hacer?
R.Estoy contento con lo que he hecho, pero sí, una cosa que es imposible y ya lo intenté. Que las ciudades olímpicas fueran designadas por la comisión ejecutiva, como hace la FIFA, por ejemplo, y la UEFA y la Federación Internacional de Atletismo con sus Mundiales. Era lo único que les quedaba a los miembros y que les ha quedado. Pero quizá lo hubiera conseguido con una votación de 60 a 40.
P.¿Y fue una decepción no conseguir los Juegos para Madrid?
R.Oficialmente, el que Madrid no ganara no fue una decepción, porque yo siempre decía que el favorito era París. Lo de Londres fue una gran sorpresa. La decepción fue porque, visto lo que pasó, te das cuenta de que podíamos haber ganado. La elección para 2016 será más fácil que para 2012, porque jamás se podrá tener unos rivales tan difíciles como Londres, París, Nueva York o Moscú. Y yo haré lo que pueda, con las limitaciones de la edad, porque voy sumando años.
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