ROCÍO GARCÍA
Benito Zambrano es un buen director de actores. No hay muchas dudas al respecto. Cuatro de los intérpretes de La voz dormida –actor y actriz revelación, interpretación femenina de reparto y actriz protagonista- han sido elegidos candidatos a los premios Goya, del total de las nueve nominaciones con las que la película se presenta a la gala el próximo día 19...
Existe la sensación de que La voz dormida se hubiera colado como de rondón en las candidaturas principales de los premios –está nominada a mejor película y dirección- y creo que no es justo. Independientemente de que cada uno tenga sus preferencias y sus filmes favoritos, La voz dormida, basada en el libro del mismo título de Dulce Chacón, es una película digna, que cuenta una historia real, trágica pero real. Y no solo es digna, sino que es una propuesta muy personal de Benito Zambrano y eso en el cine siempre es de agradecer. Zambrano ha querido mirar al pasado, a los años de la posguerra españoles y la dictadura y posar su mirada en ese grupo de mujeres republicanas encarceladas en prisiones franquistas, convencido de que hay muy poco cine en España que cuente nuestra historia. La voz dormida merece la pena ser vista por varias razones, pero por encima de todas por la actuación de María León, una actriz de la que no puedes retirar la mirada en cuanto sale en la pantalla, con la que viajas al dolor que siente y también a los momentos de alegría. Su personaje, Pepita, la hermana de una de las encarceladas, es todo fuerza, corazón y generosidad. No es fácil transmitir esa inocencia de una chica de pueblo sin caer en la tontería. María León lo consigue con creces.
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JESÚS RUIZ MANTILLA
En febrero de 2012, cuando ya muchos hemos descubierto que no existe Dios, pero tampoco los dogmas de los hombres. En el siglo XXI después de haber batallado contra la fe y los totalitarismos, cuando han caído muros y hemos mirado hacia los abismos, después de Auschwitz y...
de no saber dónde yace Lorca, con heridas supurantes y pocas verdades restañadas, con vencedores cebados y vencidos tan solo conformes con saber donde han caído los huesos de sus seres queridos, cuando la justicia es un enigma cambiante en manos de unos severísimos cancerberos –véase el caso Garzón- y la culpa colectiva una losa… En estos tiempos confusos, el mayor enemigo de una obra de arte es el maniqueísmo. Más cuando se trata de adentrarse en los traumas de la guerra civil y la represión en España. Se necesita mucho requiebro sibilino para que no te desprecien los que aun, en muchos ámbitos, llevan la sartén por el mango; se impone inteligencia sobre la maldad y no juzgar los hechos infantilmente, como cosa de buenos y malos sin ir más allá de las soflamas y la lágrima fácil. Necesitas frialdad más que calenturas. ‘La voz dormida’ cuenta una historia horripilante de torturas, desmanes y represión, reúne actrices en estado de gracia como Inma Cuesta y María León, un presupuesto digno para pintar ese espantoso sueño de la razón goyesco que fue la guerra civil y un público hambriento de respuestas sobre sus traumas. Pero con todos esos mimbres, Benito Zambrano ha caído en la mayor torpeza de cara al enemigo: el maniqueísmo barato, de consabida proclama, puño cerrado y discurso anticuado para denunciar lo que, sin duda, merece ser denunciado. El hachazo a cosas tan serias requiere aún en este país la templanza de un zorro y no las transparentes mejores intenciones de un juicio donde las cosas se vean en blanco y negro.
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Director
Benito Zambrano
Actriz
Inma Cuesta
Actriz de reparto
Ana Wagene
Actor revelación
Marc Clotet
Actriz revelación
María león
Guión adaptado
Canción original
Nana de la hierbabuena
Vestuario
Gregorio Belinchón
Los directores nominados al Goya explican su escena favorita de sus películas