Los 100 del año

José Saramago

Aire después
de la tormenta

Escritor y premio Nobel de Literatura, ha superado este año una grave enfermedad

Por Juan Cruz

Hace un año, José Saramago volvió de Argentina debilitado por la enfermedad y el esfuerzo; unos días después fue su cumpleaños, el 16 de noviembre, y se reunió con la gente en el Conde Duque de Madrid a recibir el homenaje de los que querían desearle un cumpleaños feliz. Desde un palco, el escritor saludó con su mano debilitada, y luego se fue como si ya no pudiera más. En ese instante en que saludaba, a Saramago le hacía falta el aire, incluso el que generaban sus dedos débiles agitándose ante el público que le aplaudía. Volvió a su casa de Madrid y luego reemprendió, con Pilar del Río, su mujer, el viaje a Lanzarote, en busca del aire esquivo que la enfermedad le hurtaba. Tuvo aún ánimo para ver entera, pero en silla de ruedas, la exposición que le dedicó la Fundación César Manrique, todos los sueños de su vida en aquel espacio que contenía el aire de su existencia. Después vino la tormenta, o arreció, y Saramago vivió días angustiosos cuidado por médicos que le salvaron como si hicieran un milagro. Algunos meses después, en abril, en Lisboa, enflaquecido por el esfuerzo, pero ya en medio de su novela nueva, El viaje del elefante, dijo: “He resucitado”. Fue verdaderamente un milagro, y lo contaba como si volviera desde detrás de un espejo que la ciencia y él habían reconstruido pieza a pieza para que este hombre que parece una espiga de hierro volviera a escribir y a vivir. Nació en Portugal, muy pobre; el aire –también el de Lanzarote, su tierra adoptiva– le hizo fuerte. Del aire viene el milagro que le salvó de la tormenta.


Juan Cruz es escritor y adjunto al director de EL PAÍS.

anterior siguiente

José Saramago
© PRISACOM S.A. -Ribera del Sena s/n, Edificio APOT 4ª planta, Madrid, España- | EL PAÍS.com

elpais.com