Por José Antonio Martín Pallín
Baltasar Garzón irrumpió en el mundo jurídico internacional por su decisión y no por sus ambigüedades o dudas. Cuando recibió la petición de abrir una causa penal para perseguir los crímenes del dictador Augusto Pinochet, pudo mirar hacia otro lado. Pero no dudó un instante. Algunos pensábamos que su decisión iba a tener un corto recorrido.
Las víctimas del dictador chileno y todas las que en América Latina habían dejado un rosario de dictaduras militares salieron de su abatimiento y resignación. Desde fuera les llegaba la posibilidad de rehabilitar su pasado y alcanzar justicia. Garzón se convirtió en un nuevo Don Quijote luchando contra la impunidad.
Los tribunales latinoamericanos se lanzaron a la ilusionante aventura de acabar con la impunidad. Garzón y sus decisiones habían desencadenado el milagro. Todas las leyes de impunidad, obediencia debida o punto final, puestas en marcha por los verdugos, cayeron bajo la fuerza imparable de la justicia universal.
Los latinoamericanos me preguntan perplejos: ¿Qué pasa en España con el juez Garzón? No entienden nada. Quizá escucharon las voces que pusieron en marcha la búsqueda de la justicia, pero desconocían los ecos atronadores de nuestro pasado. Espero que todo sea un mal sueño y que las víctimas puedan ver al juez Garzón actuando de nuevo contra la injusticia universal.
José Antonio Martín Pallín es magistrado y comisionado de la Comisión Internacional de Juristas. Fotografía de Gorka Lejarcegi.