Por Lola Huete Machado
El Calentito - como su bar en el Madrid de los ochenta - se llama el estudio parisiense de Blanca Li en el multiétnico Faubourg Saint Denis, en un edificio antaño deteriorado y drogueado y ahora aún adictivo por los artistas a cientos que se reúnen a diario en él, en una calle plena de peluquerías africanas, restaurantes franceses de camarero insufrible y mucho chino hiperactivo. Mundos cruzados. Eso es lo que más ama Blanca Li. Eso la define. En su oficina domina la imagen seductora del bailarín Fred Astaire, entre fotos y carteles de sus espectáculos ya estrenados y otros nuevos, como El jardín de las delicias, basado en la obra de El Bosco, que inicia gira. Las tres salas de El Calentito se denominan Carmen Miranda, Lola Montes y Esther Williams, lo cual dice bastante de las raíces y el eclecticismo de esta creadora granadina (1964) que ha sido (y es) gimnasta, actriz, bailarina de cuerpo de látigo, coreógrafa contemporánea y libre, directora de Centro Andaluz de Danza, y madre de dos hijos en edad de agotar… Ahora prepara, a saber: la gira citada, el estreno del filme Pas à pas, la reposición de Poeta en Nueva York en Madrid, la ópera Scott Joplin en el Chatelet, una pieza con bailarines de hip hop, el guión de un largo sobre su condición de mujer madura… En 2009 pasó por el Musac de León, enseñó a bailar en La noche en blanco madrileña, dirigió el musical Enamorados anónimos… Por todo ello acaba de recibir la medalla de las Bellas Artes en Santander.
Lola Huete Machado es periodista de EL PAÍS. Fotografía Ferdinando Scianna, L. Rico y Ali Mahdavi