Los 100 del año

El camino largo siempre es el bueno

Por Pedro Horrillo

Si lo que sigue a esta introducción es una lista de los deportistas destacados de este año que llega a su fín, siendo sincero debo reconocer que de alguno de ellos se más bien poco. A alguno tengo el gusto de conocer personalmente; me suenan las hazañas de la gran mayoría por su trascendencia pública, y hay algún otro del que lo máximo que puedo decir es que su nombre me resulta ligeramente familiar. Ignorante que es uno, me declaro, e introspectivo, más dado a centrarme en mis propias disquisiciones que a alabar los innegables méritos de los demás.

Característica ésta que se me antoja común a todos éstos; tanto a los triunfadores del año, como a todos los demás que, haciendo lo mismo, no han tenido un año tan plagado de éxitos aunque el esfuerzo haya sido parecido. Si no mayor en algunos casos.

Pero así es el deporte; unos ganan, se llevan las medallas, suben al podio, reciben los flashes de las cámaras, los aplausos y las palmaditas en la espalda. Y ven crecer con ceros y más ceros el saldo de su cuenta corriente. Y otros, otros muchos, tratan de seguir su camino con el sueño de superar algún día esos puntos de referencia. Y lo sorprendente es que gracias a este esfuerzo y a esa perstinaz capacidad de superación que todo deportista posee, siempre hay alguno que lo consigue. Y muchos de los que se quedan en el camino se lamentaran, a veces con razón otras sin ella, de que la suerte no haya sido su aliada y de las circunstancias no les hayan acompañado, pero seguirán creyendo en sí mismos y en sus capacidades. Y verán al triunfador con cierta admiración pensando que ellos también valían tanto como el otro, pero…

El que quiera ver el secreto del éxito por ejemplo en la genética se equivocará en gran medida; buscará las claves en una base que a pesar de ser necesaria, nunca será suficiente si no va acompañada de otros muchos factores. Muchos, muchísimos que han de confluir en un mismo lugar y en un momento concreto, pero que si hay que resumirlos en una palabra llevan indefectiblemente a una concreta: trabajo. Ese es el verdadero secreto. Así de sencillo es el deporte, aunque no lo parezca.

Un deportista no nace, se hace. Es un cabeza dura que no tiene otra obsesión en la vida más que trabajar. Levantarse, desayunar y ejercitarse. Después descansar y al día siguiente más de lo mismo. Un día, y otro, y otro, y así hasta la extenuidad. Hoy más que ayer pero menos que mañana, como dicen los románticos. Ya sean kilómetros, que es lo que yo conozco de primera mano, o metros, o golpes al balón o a la pelota de turno con cualquier extremidad, o segundos que limar, o cualquier otro ejercicio cansino. En resumen horas, horas y horas de trabajo con el único objetivo de buscar tus propios límites; y que este límite sea más alto que el de todos los demás. Esto es espíritu de superación, y todos los nombres que aparecen a continuación saben bien de lo que hablo, de eso no me cabe ninguna duda.

Y en estos tiempos, como hablar de deporte sin mencionar el dopaje, la gran nube que puede oscurecer cualquiera de los días más soleados. Yo siempre recuerdo las sabias palabras de uno de mis primeros entrenadores, mucho más profundas de lo que él se podía imaginar: el camino largo siempre es el bueno.

Mi enhorabuena a todos estos triunfadores. Y creo y espero que estos eligieran en su día el camino difícil, ese que era el más largo.

Pedro Horrillo es ciclista

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