Por Álvaro Corcuera
No ha sido un año fácil para Edurne Pasaban en su reto por convertirse en la primera mujer que conquiste las 14 cimas más altas de la Tierra. En mayo, la guipuzcoana logró su duodécimo ochomil, la cumbre del Kangchenjunga, con grandes dosis de riesgo. Extenuada, se tiró a la nieve en el descenso. “Dejadme aquí, me quiero morir”, gritó. Sufrió congelaciones en manos y pies. Edurne pasó por el hospital y volvió física y mentalmente agotada a casa. Incansable como pocas, en octubre estaba de vuelta, esta vez al Shisha Pangma. Lamentablemente, el viento la frenó y tiene pendientes para la primavera el Shisha y el Annapurna, el ochomil más letal de la tierra.
Edurne, que estudió Ingeniería Industrial y llegó a trabajar en la empresa familiar, apuesta hoy por la montaña. Tras su momento más delicado, en 2004 en el K-2, perdió dos dedos de sus pies y entró en depresión, hoy ya superada. Ella insiste en que no hay ninguna carrera entre mujeres alpinistas. “Apretamos”, justifica metafóricamente el riesgo. Una coreana, que también soñaba con los retos de Edurne, falleció este año en el intento. Otra coreana, una austriaca y una italiana también luchan por conquistar los 14 ochomiles. La primavera de 2010 está marcada en sus respectivos calendarios.
Álvaro Corcuera es periodista de El PAÍS. Fotografía de Sergi Pons