Por Josu puelles García
Eran el camino y los pasos, la lluvia y sus gotas, la ola y su espuma, el espejo en el que mirarse, el corazón y su latido, el quo y el quid. Le rompieron el amor, no se le acabó. Le amputaron un trozo de su corazón, pero no se le paró; eran uno, pero le arrebataron todo. Ahora sólo le han dejado preguntas sin respuestas, espejos sin reflejos, orilla sin espuma, paseos sin caminos bajo tormentas sin lluvia que sólo inundan su alma.
Madre abnegada, esposa devota de un Dios terrenal llamado Eduardo, dependiente por amor, sencilla, humilde y tímida, enfrascada en su aspecto menudo, frágil, se erigió sobre un pedestal, cual heroína por la libertad y dignidad de su amado, para gritar al cielo de Euskadi, ante decenas de miles de personas: “Soy la viuda de Eduardo Puelles…”. El resto forma parte ya de la memoria colectiva de nuestra sociedad, como ejemplo de amor, grandeza, fuerza, entereza y valores humanos antes los asesinos de su marido. Quien convive con un héroe termina imitándole.
Josu Puelles García es hermano de Eduardo Puelles. Fotografía de Miguel Toña