Por José Manuel Silva Rodríguez
Investigadores y pioneros son dos términos equivalentes, como la cara y la cruz de la misma moneda. Estos hombres y mujeres son capaces de trabajar en medios tan hostiles como los hielos Árticos o las profundidades del océano; capaces de abordar temas tan específicos como los algoritmos matemáticos o el comportamiento de las nanopartículas y las células, son movidos por una pasión común: su trabajo.
En un mundo cada vez más global, la investigación no conoce fronteras. Desde hace más de 25 años, la Unión Europea ha venido desarrollando iniciativas de cooperación científica internacional con prácticamente todos los países del mundo. En este contexto, la Comunidad Europea ha firmado acuerdos internacionales de cooperación en I+DT con Argentina, Chile, México o Brasil; y 17 naciones latinoamericanas ya han participado en numerosos proyectos conjuntos de investigación con países europeos, tratando temas tan diversos como el agua, la energía, la biodiversidad, la medicina, la socioeconomía o la calidad del aire, por citar algún ejemplo.
Vivimos momentos únicos. Son los del reconocimiento de la importantísima labor de los investigadores en su esfuerzo permanente por asegurarnos la salud, la seguridad y el bienestar de hoy y de mañana. Los frutos de la investigación no están encerrados en un laboratorio. Nos los encontramos día a día acompañando nuestra vida cotidiana. Desde que encendemos la luz en nuestros hogares, cuando pulsamos el botón del ascensor, en nuestros sofisticados medios de transporte, en el control y mejora del agua y los alimentos que consumimos, en los nuevos tratamientos para nuestra salud, en los materiales con los que están hechas nuestras ciudades o en nuestra forma de viajar. No hay ni un solo sector de la población, ni un solo aspecto de nuestra vida, que no se beneficie de los avances de la investigación. Y detrás de cada descubrimiento está el investigador, el pionero. La investigación es una carrera y los investigadores son los corredores de fondo. No van a abandonar hasta conseguir lo que están buscando. Saben cómo conseguirlo y lo que necesitan es tiempo y apoyo.
España ha avanzado enormemente durante la última década en esta carrera, y el tirón en la investigación nacional es palpable, y más que proporcional al soporte financiero recibido...al menos hasta ahora.
Europa apoya a sus investigadores y los investigadores apoyan a Europa. Desde Leonardo da Vinci hasta Marie Curie, Isaac Peral o Santiago Ramón y Cajal, Europa ha ido formándose a través de sus invenciones únicas, de su espíritu de creación y de la iniciativa propia de la investigación científica. La construcción de la Unión Europea no hubiera sido posible sin el pilar de la ciencia europea. Y la ciencia es competición para la innovación con un sentido, con una utilidad clara: el desarrollo de todos los sectores de la sociedad. En esta carrera, España ocupa una buena posición. Está entre los 15 primeros con respecto a los 27 países de la Unión.
Y Europa apoya a los investigadores españoles. España ha recibido ya 943 millones de euros a través de los fondos del 6° Programa Marco de I+DT (2002-2006). Respecto al 7° Programa Marco (2007-2013), las organizaciones españolas de investigación ya se habían asegurado subvenciones de la Comisión Europea por valor de unos 382 millones de euros. Por otra parte, el programa operativo nacional "Investigación, desarrollo e innovación I+D+i por y para el beneficio de las empresas – Fondo tecnológico" percibirá mas de 2.200 millones de euros en fondos de la Unión Europea. El programa operativo nacional "Economía basada en el conocimiento" recibirá, así mismo, una aportación comunitaria de 1.400 millones de euros.
Todos sabemos cuánto cuesta participar, entrenar, mantener posiciones y ganar, sobre todo en ciencia y tecnología. En estos momentos de crisis no podemos permitirnos el lujo de ahorrar cortando el avituallamiento de nuestros espléndidos corredores. Dejarlos sin apoyo es no reconocer su labor ni asumir el riesgo que supone depender de los otros países para innovar. Y el que no innova, muere. Una buena posición en una carrera no debe abandonarse. Quedarse atrás supone depender de los demás para salir adelante, y eso también cuesta dinero; un dinero que no se invertirá en el propio país. Corremos el riesgo además de que, al recortar los fondos, los investigadores decidan expatriarse para continuar su trabajo. Con un recorte no sólo se pierde la posición en la carrera internacional, sino a los propios investigadores y el fruto del trabajo ya realizado. El ganador será aquel país que ambiciosamente apueste por la ciencia y se quede con todo.
Somos 27 y en Enero del 2010 empieza la Presidencia Española de la Unión. Curiosamente, durante la Presidencia Española del 2002, se firmó un acuerdo histórico para la ciencia: el acuerdo de Barcelona. Por este acuerdo los Estados miembros de la Unión Europea se comprometían a aumentar la inversión en I+DT hasta llegar al 3% de su producto interior bruto en el 2010. Desde el 2002 hasta ahora, durante todos estos años en los que tantos avatares han acontecido, crisis económica incluida, todos los países firmantes han intentado seguir la línea de dicho acuerdo para asegurar que los objetivos de Lisboa se hagan realidad. No podemos empezar el 2010, un año tan emblemático para la investigación europea, mostrando esta enorme contradicción, siendo España el país que ejerce la Presidencia durante el primer semestre . La nueva Europa de los acuerdos de Lisboa no será ni posible ni creíble sin una investigación fuerte y sólida en los principales Estados miembros.
José Manuel Silva Rodríguez es Director General de la Dirección General para la Investigación – Comisión Europea