Por Rafael Méndez
Le miraban “como a un extraterrestre” cuando pedía limitar el regadío junto al parque nacional de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real) para preservar el humedal. Era 1986 y acababa de entrar en el patronato del parque. Hoy tiene 50 años y es el miembro más veterano del órgano consultivo. El tiempo le ha dado la razón: el parque lleva cinco años seco y la turba del subsuelo, formada bajo el agua durante 300.000 años, arde de forma espontánea. “En los ochenta, las Tablas ya tenían problemas porque habían dejado de manar los ojos del Guadiana. Han pasado 25 años y las administraciones ya admiten el problema de sobreexplotación del acuífero por miles de pozos ilegales. Esto era la crónica de una muerte anuncia da”, explica este representante de Ecologistas en Acción. Los sucesivos Gobiernos fueron “poniendo parches”: “Cuando las Tablas se secaron por primera vez, decidieron mantenerlas artificialmente con trasvases desde el Tajo”. La situación siguió empeorando. Hoy sólo hay 10 hectáreas encharcadas, de las 1.600 del parque, y el Gobierno confía en un trasvase de emergencia desde el Tajo que en febrero sofoque el incendio subterráneo. Hernández espera que la alarma sirva para comenzar a recuperar el humedal. Sobre todo porque “la Unesco estudia desprotegerlo y la UE investiga a España” por permitir la degradación del humedal. Hernández mantiene el lema de los ecologistas en la zona: “Abrid los ojos, cerrad los pozos”.
Rafael Méndez es periodista de EL PAÍS. Fotografía de Cristóbal Manuel.