Por Iñigo López
Para mí, hablar de Juan Antonio Anquela es hablar de un líder, de una de esas personas que uno se encuentra en su vida y le marcan para siempre. Cuando hablamos de líderes encontramos, a lo largo de la historia, multitud de ellos y de muy distintas índoles. En mi caso, esta persona no es un líder autocrático o autoritario, de los que he podido ver en muchas situaciones. Se trata de un líder permisivo, con una identidad perfectamente conocida, reafirmada y valorada por todo su equipo. Me ha enseñado muchas e importantes cosas, pero si con algo me quedo es con que desde la humildad, el esfuerzo y la sencillez se alcanzan grandes metas. Cuando alguien así te mira a los ojos, sabes que no puedes fallarle, porque es como si te fallases a ti mismo. De ahí que en esta aventura no existan las casualidades, de ahí la implicación de un grupo que en tan sólo unos meses ha evolucionado hasta llegar a ser un equipo, de ahí la gran compenetración de todos los miembros visible en la figura de este personaje.
Pero más allá de líderes, en Juan Antonio Anquela encontramos a una enorme persona. Y en mi caso personal, puedo corroborarlo plenamente. Él y yo, yo y él, lo sabemos. Y ante una difícil situación en mi carrera profesional, siempre estuvo ahí, hasta el final, esperando a que terminase mi trabajo diario. Y eso, que es muy fácil de decir, nunca antes, en este mundo del fútbol, lo hizo alguien conmigo. Por todo ello, su equipo, cuando le mira a los ojos, piensa: no puedo fallar…
Iñigo López es jugador de fútbol del Alcorcón. Fotografía de Oscar Carriquí