Los 100 del año

Lila Downs

Moderna alma antigua

Indefinible, porque enlaza dos mundos, dos épocas, la cantante de rancheras revoluciona el género con sus toques de jazz y ‘soul’.

Por Diego A. Manrique

El insomnio de Bolívar, el escritor Jorge Volpi pronostica que, hacia el 2044, se fusionarán México y Estados Unidos en un ente llamado la Unión Norteamericana. Si eso ocurre, seguro que la ceremonia contará con el arte de Lila Downs. Ella encarna los lazos visibles y secretos entre esos dos gigantes que se miran desconfiados desde las orillas del río Grande. Hija de un profesor estadounidense y de una cantante mixteca, navega entre dos culturas. Su proceso personal fue complejo: tras estudiar antropología, se especializó en las creaciones textiles indígenas y, salto mortal, como recreadora de la música tradicional mexicana.

Aunque reside en Nueva York, su corazón late con ritmo oaxaqueño. Lila quita telarañas al cancionero clásico, mientras crea un repertorio personal que refleja la experiencia de sus coetáneos. Casada con el saxofonista Paul Cohen, judío estadounidense, ambos ignoran las barreras estéticas y asumen todas las músicas útiles para su proyecto. Políglota y audaz, Lila sabe que un corrido se parece mucho a una canción country, que la carnalidad alimenta la espiritualidad. Olviden los tópicos de nueva Frida y moderna Chavela: véanla en directo y se encontrarán con una maga genuina.

Diego A. Manrique es periodista y crítico musical. Fotografía de Bernardo Pérez

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