Por Malén Aznárez
El director del Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge se ha convertido, a sus 41 años, en uno de los más punteros en el panorama mundial de la epigenética, el novedoso campo que estudia las modificaciones químicas que sufre el material genético. Algo complicado, pero que él explica gráficamente: “La genética es un armazón, un esqueleto desnudo, y todo lo que añadimos a ese esqueleto, lo que le da un aspecto u otro al individuo, es la epigenética”. Como regalo navideño, Esteller anuncia resultados “muy interesantes”: “Vamos a tener epigenomas completos humanos”, algo así como la programación –software– que hace funcionar nuestro ADN hardware.
Este año ha obtenido tres premios de postín (Josef Steiner, Lilly y Carmen y Severo Ochoa) y ha publicado un innovador trabajo sobre la rebeldía de las células cancerosas que no respetan el ritmo circadiano que regula nuestro reloj biológico. Su laboratorio ha descubierto que éstas se niegan a dormir. “El descubrimiento enlaza con la cultura popular. Sabemos que romper los ritmos día-noche no es bueno para la salud, y en las células también se refleja. Romper el ritmo y tener las células siempre despiertas se asocia con alteraciones celulares y un mayor riesgo de enfermedades”.
Malén Aznárez es periodista de EL PAÍS. Fotografía de Consuelo Bautista.