Por Francho Barón
No se conoce en la historia de Brasil a ningún ministro de Medio Ambiente que tenga una biografía tan novelesca y un conocimiento tan profundo de los secretos de la selva como Marina Silva (Rio Branco, Acre, 1958). Actual senadora por el Partido Verde (PV), el pasado agosto abandonó las filas del Partido de los Trabajadores (PT) del presidente Lula da Silva al considerar que el proyecto político del ex sindicalista se había desvirtuado inexorablemente. Silva, de férreas convicciones éticas, será la candidata del PV en las próximas elecciones brasileñas, algo que reconfigurará el escenario electoral en 2010. Nacida en una humilde familia de seringueiros (recolectores de caucho), de niña cazaba y pescaba en la selva junto a sus hermanos. Conocía los misterios de la tierra y las propiedades curativas de la prolija vegetación amazónica. Aprendió las horas del reloj y las cuatro operaciones elementales de matemáticas a los 14 años y sólo obtuvo la base para leer y escribir a los 16. Desde entonces abandera una guerra sin cuartel a la deforestación del Amazonas, algo que le ha granjeado numerosos galardones internacionales.
Dice mirarse en el espejo del líder ecologista Chico Mendes, asesinado en 1988, y se declara incondicional de figuras como Gandhi, Mandela y Luther King. “De ellos aprendí que debemos mirar las cosas desde abajo para poder ver lo que está por encima de nosotros”, afirma. Silva invertirá ahora su gran prestigio personal en revitalizar el poco influyente PV.
Francho Barón es corresponsal del EL PAÍS en Rio de Janeiro