Por Luis Eduardo Aute
La primera vez que alguien me habló de Mísia fue allá por 1993. Creo recordar que fue Ricardo Cantalapiedra quien, muy encendido por el talento de esta cantante, me comentó que la había “descubierto” en un concierto. “Esta mujer es una maravilla, tiene una enorme sensibilidad cantando fados, tienes que oírla…, además, hace una versión fabulosa de tu De alguna manera”, me dijo. Efectivamente, al poco, me envió una cinta de Mísia. Entre otras recreaciones de canciones populares, con maneras de fado, estaba mi canción. Realmente me sorprendió escucharla cantada por Mísia. Era otra canción, sentida de otra manera, con esa hondura melancólica del fado. Como es lógico, quise conocerla personalmente. Ricardo me la presentó. Me pareció una mujer muy especial, con una belleza inquietante a la manera de una Juliette Greco salida de una cave del Montparnasse de posguerra. Mujer elegante, culta, cosmopolita y con las ideas muy claras en cuanto a cómo expresarse a través de la canción, no dudé en proponerle que interpretara, como invitada, una canción mía en el disco que estaba preparando. La canción se llamaba Arrebato. Mísia hizo una versión bellísima, acompañada por un trío de guitarras portuguesas en un arreglo de Suso Saiz. Ni que decir tiene que la conmovedora voz de Mísia insufló a la canción esa arrebatada emoción, esa nerviosa dulzura propia del fado.
Mísia es, desde mi punto de vista, una de las voces más importantes de Portugal, no sólo por la excelencia de su voz, sino por su muy particular manera de entender la canción popular portuguesa y universal.
Luis Eduardo Aute es músico y pintor Fotografía Ferdinando Scianna, L. Rico y Ali Mahdavi