Por Adolf Beltrán
Cuando les mira desde la tribuna de oradores, a través de sus gafas de montura oscura, los diputados del PP se ponen tensos. Mònica Oltra representa a un grupo pequeño, Compromís pel País Valencià, y milita en un partido todavía más pequeño llamado Iniciativa del Poble Valencià, pero sus intervenciones no pasan inadvertidas. A veces, incluso consigue que su imagen dé la vuelta a España, como el pasado mes de mayo, cuando acudió a las Cortes Valencianas con una camiseta en la que había estampado la imagen del presidente Francisco Camps, inmerso en un escándalo de corrupción y esquivo al control parlamentario, bajo la leyenda: “Wanted. Only alive”. Nacida hace 39 años en la localidad alemana de Neuss de una pareja de emigrantes, milita en la izquierda y el valencianismo desde los 15 años y considera la política, en su sentido transformador, una de las actividades más nobles.
Casada y con dos hijos, desde que estalló el escándalo de corrupción de la trama Gürtel, Oltra ha sido, con el portavoz socialista, Ángel Luna, una de las voces más incisivas, un auténtico azote para Camps. De su afilada ironía da idea una anécdota de inspiración futbolística. Tras vaticinarle que no volverá a ser candidato, el pasado noviembre le espetó al presidente: “A todo político le llega su Alcorcón”.
Adolf Beltrán es periodista de El PAÍS en Valencia. Fotografía de EFE.