Por Marta Domínguez
Si hay alguien que sabe desenvolverse en la pista de manera segura, fría, inteligente y calculadora, ésa es Natalia Rodríguez, poseedora de unas condiciones innatas para moverse en el tartán como pez en el agua. Una persona conocida por toda la familia atlética, una mujer que nunca deja a nadie indiferente, puesto que siempre ha sabido marcar la diferencia.
Tiene una capacidad extraordinaria para reflejar sobre la pista lo que le dicta la mente: si decide ganar, gana. También en su vida: si decide tomarse un año sabático, lo hace; si decide ser madre, nace Guadalupe. Es valiente, muy valiente. No es la ambición lo que le mueve, sino hacer las cosas bien. Y eso es de admirar.
El carácter que tenemos en nuestra profesión es el fiel reflejo de cómo somos. Ella corre sin llamar la atención, estudiando a las rivales, dejando hacer, y cuando decide cambiar deja a todas sin respiración.
Y en la vida fuera de las pistas se comporta igual. Es una persona que no desentona, que siempre está por delante y en el lugar adecuado cuando se la necesita
En categorías inferiores tuvo la mala suerte de caerse a menos de 400 metros cuando optaba a medalla en el Campeonato de Europa. Este año, en el Campeonato del Mundo de Berlín, perdió la medalla porque otra atleta acabó en el suelo. Pero ella siempre ha estado entre las mejores, y ahora, para mí, es la mejor. Aunque no haya tenido la suerte de que el mundo se rinda a sus pies.
Marta Domínguez es atleta. Fotografía de Michael Probst