Por Javier Mariscal
Todos somos hijos de personas o de amebas que fueron creativas y supieron evolucionar. Nunca me ha gustado la palabra creador, porque me suena a Dios, y es alguien con quien no deseo compartir oficio. Bastante tengo con lo que tengo como para ir sacando cosas de la nada, como hace él. Es cierto que hay quien cree que por ser “creador” ya se es una deidad, y ejemplos hay muchos, pero a mí nunca me ha parecido que fuera para tanto lo de hacer algo distinto (en el sentido de innovador o excelente) a lo que hacen los demás. Así que antes que creador prefiero la palabra creativo o creativa, un vocablo que en el diccionario se define como “alguien que estimula la capacidad de invención”.
Tampoco es que crea que “creativo” sea lo que mejor califica el trabajo de un arquitecto, un torero, un escritor, un pintor o un diseñador. Hay otros términos que explican mejor la actitud con la que abordamos nuestro trabajo: meticuloso, listo, constante, cabezón, dotado, fino, genial, atrevido, imaginativo, arrogante, trabajador... Opino que estamos agotando el término creativo, como hemos agotado tantos otros, hasta dejarlo vacío de sentido. Lo hemos llenado de tantos significados que al final el significante ha explotado, el pobre.
Hay mucha confusión en todo esto de la creatividad, yo mismo no acabo de entender nada. Lo que sí sé es que la creatividad está en boca de todos. Todo aquél que se precie debe de ser creativo, sin que nadie sepa muy bien a qué se refieren. Más que nada porque la creatividad forma parte de cualquier actividad. ¿No es creativo un frutero disponiendo la fruta? ¿No es creativo un obrero poniendo ladrillos? ¿No es creativo un policía explicándote el motivo de la multa?
Pero bueno, si como creatividad se refieren a eso de “estimular la capacidad de invención”, me parece bien. Es bonito lo de inventar. Hay quien piensa que inventar es como sacar un conejo de la chistera: ¡Alehop! Primero no estaba y después está, como por arte de magia. Y no, para inventar hace falta conocer muy bien qué es lo que había antes. Y tener muy claro qué merece la pena que venga después. Hay que inventar para mejorar, primero, y para que el invento perdure, después.
Las invenciones deben dejar de ser inmediatamente una innovación, porque eso significa que esa innovación ha dado pie a otra y ésta a otra. Y así vamos avanzando, para no aburrirnos, para encontrar sentido a nuestro trabajo, a nuestros días y al tiempo de que disponemos hasta que nos morimos. No se desarrolla la creatividad para trascender, para dejar un legado, para ser el mejor o el más guapo. Se es creativo para no aburrirse (sobre todo), para satisfacer la curiosidad propia, para darle un respiro a la ansiedad, para cansarse y dormir a pierna suelta.
La creatividad te viene siempre trabajando. No es como una eyaculación, que la puedes tener durmiendo. Y hay que tener buen criterio, porque si resulta que inventas algo peor de lo que ya había
–que eso pasa–, pues mejor no ponerse creativo. Y hay que contextualizar: si hoy día inventas una forma de producir energía, hay que procurar que sea sostenible. Si no, mejor no la inventas y todo eso que le ahorras a la humanidad. Por ejemplo, a quién se le ocurrió inventar una moto de agua. ¿Era necesaria? ¿Es útil? ¿Mejora la calidad de vida de la gente? ¿Soluciona algún problema? ¿Es emocionante? ¿Produce placer a alguien que no sea gilipollas? Todo eso es lo que hay que preguntarse antes de ponerse creativo.
Con esto quiero decir que los creativos tenemos una responsabilidad social. El director de un museo, el arquitecto que construye un edificio público o privado, el diseñador que dibuja un logotipo o diseña una silla, o aquellos que crean una red social en Internet, tenemos la responsabilidad de que lo que hagamos tenga sentido y satisfaga una necesidad, sea ésta de la naturaleza que sea. Con esto no quiero decir que lo que hacemos los creativos sea trascendental, pero lo que no puede ser es una putada para el prójimo.
Cuantas más vueltas le doy, menos sé qué es esto de la creación y de la creatividad. De lo que sí estoy seguro es de que nadie tiene la capacidad de sacar las cosas de la nada. Pero sí de transformar los materiales, de sacar partido a las nuevas tecnologías, de hacer la vida cotidiana más fácil, de emocionar hasta las lágrimas, de enseñarnos lo que no sabíamos, de dar forma a lo que no habíamos imaginado, de demostrar que todo puede hacerse mejor o de otra manera.
Crear, creatividad, creativo, creacional, reaccional, reaccionar al reaccionario, relacionarse con la realidad, realizar la relación creativa interrelacionada. Desde que explotó el Big Bang, todos, hasta las piedras, estamos dentro de una fuerza más grande que la gravedad. Cada segundo que pasa, nuestro mundo sigue evolucionando por sí solo, siempre hacia algo más complejo y mejor. Y, aunque te opongas o no quieras hacer nada, el mundo seguirá hasta el infinito mejorando, siendo más creativo.
Javier Mariscal es diseñador.