Por Mariano Rajoy
Supone para mí un enorme placer compartir con los lectores de El País Semanal el recuerdo del triunfo español en la Eurocopa a través de la figura de David Villa. Él encarna como nadie esa generación de futbolistas jóvenes, desenvueltos, alegres y resolutivos que acabaron con el tradicional mal fario de nuestra selección de fútbol. Todos vibramos con sus éxitos y disfrutamos con su juego como ya no recordábamos, y sólo por eso, por los momentos tan felices que nos han hecho disfrutar, yo les estoy profundamente agradecido.
Villa es un jugador eléctrico, vertical. Se dispara hacia la portería rival con una velocidad y una determinación extraordinarias. Su instinto de ataque sólo es comparable a su capacidad de sufrimiento e integración con su equipo; una lesión le impidió jugar la final de la Eurocopa en Viena, pero todos sabemos que su concurso fue decisivo para llegar hasta ese último partido.
Es un gran jugador de fútbol, un tipo entrañable, ajeno a la farándula que acompaña a algunos deportistas de élite y un ejemplo de superación personal: una lesión prematura pudo haberle retirado. En vez de ello, aprendió a manejar la zurda, y hoy los aficionados disfrutamos de su habilidad con ambas piernas.
Le deseo todos los éxitos del mundo y espero disfrutarlos tanto como hasta hoy.
Mariano Rajoy es presidente del Partido Popular.