Por Juan Oiarzabal
Conozco bien a Edurne Pasaban. Hemos subido cinco ochomiles juntos y sé que para ella estar donde está, poder cumplir sus sueños como montañera, ha supuesto un esfuerzo añadido. Porque compartir expedición con siete u ocho asilvestrados como nosotros, todos hombres, y seguir los pasos de los que tienes por delante no resultó, al principio, nada fácil para ella. Fue lo que más me llamó la atención de Edurne, su forma de acoplarse a un mundo tradicionalmente masculino.
Ahora ya no le es tan difícil. De hecho, ella es ahora de los que van por delante. Tiene una fortaleza fuera de lo común y una tremenda capacidad de sufrimiento y sacrificio. El entrenamiento personalizado que está siguiendo en Barcelona la ha preparado de manera excepcional para superar los retos que se propone. Pero lo que Edurne tiene por encima de todo eso son sus ganas, su empeño, su ambición.
Quiere ser la primera mujer en hacer los catorce ochomiles. No lo tiene fácil. Gerlinde Kaltenbrunner y Nives Meroi pelean por lo mismo. Cuando Edurne me dijo lo que quería hacer, yo le dije que entonces tenía que ser la primera en hacerlo, porque así es este negociado. Sólo el primero se lleva la gloria. Ella sabe que le ayudaré a lograrlo. También que siempre estaré a su lado.
Juan Oiarzabal es montañero.