Por Marcel Granier
El pasado 18 de septiembre sucedió algo sin precedentes en la historia de Human Rights Watch (HRW): la expulsión del territorio venezolano de José Miguel Vivanco, director de la división de las Américas de HRW desde 1994, y de Daniel Wilkinson, subdirector de la misma división, sin el respeto a las garantías constitucionales y el derecho al Debido Proceso. Este hecho es una demostración más de la veracidad del contenido del Informe de HRW sobre la intolerancia política, la situación de la justicia y las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Chávez en Venezuela. Lamentable episodio que destaca la negación al diálogo, la ausencia de Estado de Derecho y la violación sistemática de las garantías ciudadanas.
Vivanco es un valiente y reconocido defensor de los derechos humanos, abogado por Harvard, profesor en las universidades de Georgetown y Johns Hopkins, fundador del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), y ha sido asesor y abogado de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. El secuestro y el trato proferido al doctor Vivanco deben encender la alarma mundial sobre los niveles de presión, amenaza y violación de los derechos y garantías humanas a que se somete todo aquel que disienta de la voluntad de Chávez. El miedo y la ignorancia son las raíces de la intolerancia, y el abuso de poder, su instrumento. Pero éstas no lograrán cambiar el espíritu democrático de la mayoría de los venezolanos.
Marcel Granier es presidente de la cadena venezolana RCTV.