Los 100 del año

Juan José Cortés

Juan José Cortés, héroe doliente

Padre de Mari Luz, la niña asesinada por un pederasta, ha apaciguado los ánimos de los demás mientras lucha por una justicia que no cometa fallos como el que le costó la vida a su hija

Por Enrique Múgica

En la página final de La Peste, cuando desde el puerto suben a la ciudad los primeros cohetes de los festejos oficiales que celebran el fin de la epidemia, el doctor Rieux recuerda a su amigo Tarrou, muerto en su afán de hacer vivir a los demás, y piensa “qu´il y a dans les hommes plus de choses à admirer que de choses à mépriser”.

Desde la ventana de un modesto piso de la dura barriada onubense de El Torrejón, un padre que mira con todo el dolor del mundo la marisma del Odiel donde apareció el cadáver de su hija, si pensara en el asesino de ella, tendría humanamente el derecho a decir lo contrario del héroe camusiano. Y, a pesar de todo, hace justamente lo mismo. Porque Juan José Cortés, el padre de la niña Mari Luz, de cinco años, desaparecida a media tarde del 13 de enero y hallada muerta casi dos meses después, ha sido capaz de ir más allá de su tragedia infinita (pues ¿qué otra cosa puede ser más terrible para un padre que ese alevoso asesinato de su hija?).

Este hombre de 38 años, gitano dedicado a la venta ambulante en los mercadillos, que estuvo a punto de ser futbolista profesional del Recreativo de Huelva en su primera juventud y es predicador evangelista, es un caso ejemplar de lo que solemos llamar héroe anónimo. Un hombre como tantos otros, y que ante una circunstancia excepcional por su espanto reacciona con una dignidad propiamente heroica; es decir, capaz de acciones y virtudes de tan alto valor que por inusuales son inesperadas. Una situación límite, un hecho atroz que le coloca ante lo peor, hace que surja de él lo mejor. Del mal nace el bien, y el hombre como todo el mundo se revela de pronto como un líder social. Así lo señaló a EL PAÍS Pedro Rodríguez, el alcalde de Huelva: “Tiene influencia, personalidad, mesura, valores. De él es todo el mérito de que no haya habido más violencia”... Porque Juan José Cortés fue capaz de trascender su comprensible y natural dolor y transformar un sentimiento de venganza en afán de justicia. Es, ciertamente, un predicador que predica con el ejemplo, capaz de llevar la teoría a la práctica y hacerlo además en unas circunstancias tan atroces que serían capaces de hacer tambalear la fe más sólida y mejor asentada. Unas convicciones que han resistido la peor prueba del mal, la del absurdo doloroso de un crimen sin sentido. Y capaz de resistir, también, toda la ola mediática que la marea inexorable de la actualidad ha hecho caer sobre él, y ante la que reacciona con la mesura admirable de la verdad del justo. Y que, ciertamente, con lo que se escandalizaría es con el sufrimiento de los inocentes – y nadie más inocente que su propia hija Mari Luz- según creía Albert Camús.

Enrique Múgica es Defensor del Pueblo

 

anterior siguiente

Juan José Cortés
© PRISACOM S.A. -Ribera del Sena s/n, Edificio APOT 4ª planta, Madrid, España- | EL PAÍS.com

elpais.com