Por Alex Crivillé
He coincidido con Laia Sanz a menudo porque yo también hago trial. Me gusta mucho. Antes lo hacía como parte de mi entrenamiento, como hacía bici también o acudía al gimnasio. Ahora practico el trial por pura afición. Hace unas semanas coincidí con ella en la montesada, un acontecimiento en el que se reúnen los pilotos y se hacen exhibiciones. Es verdad lo que se dice de que entre pilotos hay mucha solidaridad, nos llevamos muy bien, aunque en el mundo de la alta competición hay mucho pique entre marcas.
El octavo título de campeona mundial que consiguió Laia Sanz en septiembre pasado es algo ejemplar. Es histórico en un deporte en el que las inglesas aprietan mucho. Es un deporte en el que hay que tener mucho físico, aunque también muchísima técnica. Yo diría que hoy el trial es un deporte de valientes. No hay más que ver las piruetas que hacen, como en un circo, o los caminos imposibles que recorren sorteando piedras.
Estoy convencido de que Laia puede sumar muchos más títulos. Es joven, sólo tiene 22 años, va en línea ascendente y, sobre todo, quizá lo más importante, se la ve disfrutar sobre la moto.
Alex Crivillé fue campeón del mundo de 500cc.