Los 100 del año

Valores sólidos para tiempos difíciles

Amparo Moraleda

Cuál es el estilo de liderazgo a aplicar en tiempos difíciles? ¿Existe un liderazgo “femenino” frente a un liderazgo “masculino”? En mi opinión, sólo existen dos tipos de liderazgo y poco tienen que ver con el género. El positivo, que genera valor y riqueza, y el negativo, que los destruye. En gran medida, el actual entorno económico internacional es inseparable de una profunda crisis de liderazgo.
Los fundamentos del liderazgo no han cambiado, pero sí la dimensión del reto que tenemos entre manos. No nos enfrentamos a un problema aislado al que poder aplicar un repertorio clásico de soluciones de gestión basadas en la autoridad que conceden la experiencia y la técnica. Estamos frente a un problema que afecta a un sistema complejo, con muchas variables implicadas, y tal y como les ocurre a los médicos ante una enfermedad sistémica, no es fácil devolver el equilibrio al conjunto.
Para resolverlo serán necesarias nuevas teorías, algunas pruebas y errores y numerosos ajustes en el ámbito de la administración, la empresa y la sociedad. Se requiere, además, una colaboración efectiva entre las partes citadas y un cambio colectivo. Sin un cambio, sin el desarrollo de nuevas formas de hacer –actitudes, valores, prácticas– será imposible que podamos adaptarnos y sobrevivir en este nuevo entorno. La política nos ha enseñado la importancia de la colaboración, y como no se puede conseguir nada relevante en solitario, cuanto mayor es el reto mayor debe de ser la pluralidad y la implicación de las partes responsables de su solución.
El liderazgo, por tanto, cobra un protagonismo determinante en este contexto. La incertidumbre es mucho peor que las malas noticias. Comunicar con honestidad y vigor es la primera responsabilidad de un líder para infundir confianza y desterrar el miedo de las organizaciones, ese miedo paralizante e injustificado que atenaza a muchos profesionales y que les inhabilita para pensar y crear valor.
En situaciones como ésta es normal que ciudadanos y profesionales vuelvan la mirada hacia “la autoridad competente” en búsqueda de dirección, protección, orden y consejo. No quieren preguntas. Buscan respuestas. No quieren oír hablar sólo de medidas de ajuste para adaptarse a la coyuntura. Quieren seguridad y protección. Pero el único ejercicio de liderazgo posible consiste en ajustar las expectativas no realistas y apelar a toda la madurez y el talento de la organización para pasar a la ofensiva, promoviendo la creatividad, el sentido de pertenencia y la orientación al logro. Para ello se requiere valentía, un extraordinario nivel de visibilidad por parte de la dirección a todos los niveles, una esmerada estrategia de comunicación y una enorme confianza por parte de los líderes en el proyecto para definir con claridad el rumbo. La desconfianza es difícil de disimular. El futuro sólo se puede crear desde una decidida y activa aceptación del presente.
Por eso, en un tiempo en el que es muy difícil saber qué hay que hacer o hacia dónde tienes que ir, contar con una cultura empresarial y unos valores sólidos representan un gran activo. Los valores configuran el marco de referencia del comportamiento de todos los profesionales de una organización y sirven, en medio de la tormenta, para no perder el norte. En todas las crisis hay ganadores y perdedores. En IBM sabemos de qué lado queremos estar y estamos seguros de que nuestros valores son una magnífica fuente de inspiración para lograrlo. La dedicación al éxito de nuestros clientes; la confianza y responsabilidad personal en todas nuestras relaciones profesionales, y la generación de innovación valiosa para nuestra compañía y, por supuesto, para la sociedad son tres valores que marcan, con enorme sencillez y con enorme precisión, el camino a seguir.

Momentos de la verdad. Cada día nos ofrece la oportunidad de ejercer nuestro liderazgo. Si liderar sólo consistiese en dar buenas noticias, sería un juego de niños. Así, ser capaces de plantear la existencia de ciclos de desaceleración económica en clave de oportunidad –y no como una amenaza– es vital para lograr movilizar y motivar a una organización en pro de los objetivos de negocio marcados.
Pero ésa no es la realidad que marca el día a día de las empresas y aún resta camino por andar en el desarrollo de las capacidades de liderazgo de los directivos. Las conclusiones del Estudio global de capital humano 2008, realizado por IBM en colaboración con The Economist Intelligence Unit, sobre más de 400 directores y ejecutivos de Recursos Humanos de todo el mundo, revelan datos concluyentes. Alrededor del 75% de las compañías se muestra preocupado por las dotes de liderazgo de sus ejecutivos. Los valores y expectativas de las nuevas generaciones de profesionales que acceden a las empresas y las exigentes necesidades del mercado están obligando a los directivos a aprender a desarrollar nuevos roles de liderazgo para gestionar sus equipos e impulsar su rendimiento. El perfil del nuevo líder empresarial se caracteriza, entre otros factores, por su capacidad para dirigir grupos dispersos geográficamente y con culturas y expectativas diferentes, a quienes deberá motivar en tiempo real y remoto, aprovechando el potencial de las nuevas tecnologías.
En definitiva, el desarrollo del liderazgo se perfila, junto con la atracción y fidelización del talento y la generación de un ambiente laboral abierto y colaborativo, entre los principales instrumentos para lograr que una empresa se ubique en los primeros puestos de su sector. Al mismo tiempo, aspectos como la ética, el compromiso con los proyectos emprendidos y el respeto a los individuos son principios fundamentales en cualquier empresa.
Atendiendo a la actual coyuntura económica internacional, el liderazgo es vital para poder mirar al futuro con la seriedad que requiere el momento, pero también con la confianza de quien se prepara, sin dudas, para ganar. Estoy absolutamente convencida de que en esta sociedad de la información y del conocimiento, lo que va a diferenciar a las compañías líderes de las que no lo sean va a ser, única y exclusivamente, la capacidad de adaptación al cambio, el talento y los valores de sus profesionales y de sus líderes. En ese sentido, la gestión por valores cobra hoy, más que nunca, un papel decisivo para el devenir de nuestras organizaciones.

Amparo Moraleda es presidenta de IBM España, Portugal, Grecia, Israel y Turquía.

 

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