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Fue sin duda la peor crisis de Gobierno para Tony Blair desde su llegada al poder en 1997, pero superó la prueba. El 28 de agosto el primer ministro británico se sentó en el banquillo para explicarle al juez Brian Hutton su versión sobre las circunstancias que rodearon la muerte del asesor del Ministerio de Defensa David Kelly. Kelly apareció muerto tras ser identificado como la fuente que puso en duda a la BBC la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. En una sólida defensa de sus decisiones, Blair aseguró que “de ser cierta la acusación de la radiotelevisión estatal británica, hubiera merecido mi dimisión”. En la imagen, el primer ministro británico llega a su residencia oficial en Londres poco después de prestar declaración.
FOTOGRAFÍA: Reuters
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