Francisco Ayala decía que había escrito tanto porque había vivido mucho. Memoria española del siglo XX, coetáneo de la generación del 27, ensayista y crítico, sufrió la Guerra Civil, se exilió a Argentina y tuvo un reconocimiento tardío, con el Premio Nacional de Narrativa, el Cervantes y el Príncipe de Asturias. La cabeza del cordero (1949), Muertes de perro (1958) y El jardín de las delicias (1977), como narrador, y las memorias Recuerdos y olvidos le conceden un sitio de primera en la literatura española.