Sin estridencias ni ataques de megalomanía, Angela Merkel confirmó en las elecciones de septiembre su liderazgo en la política alemana. Su capacidad para situarse en el centro le otorgó una nueva victoria y cambió, como era su deseo, a sus socios: se acabó el gobierno de la Gran Coalición con los socialdemócratas (los grandes derrotados) y entraron los liberales (tras 11 años en la oposición). En verano se conoció, además, que la economía alemana ya no está en recesión.