Honduras volvió este año al pasado, a un golpe de Estado con tintes de realismo mágico que dejó al presidente Manuel Zelaya en la frontera y en pijama. El sustituto tras el "golpe civil" fue Roberto Micheletti, otro terrateniente antiguo compañero de Zelaya en el Partido Liberal. El rechazo inicial de la comunidad internacional dejó paso a la indiferencia ante la imposibilidad de alcanzar una solución dialogada. Pablo Ordaz, enviado especial de EL PAÍS al golpe hondureño, detalla la crisis del país centroamericano.