Por Carmen Mañana
Como en las mejores novelas del romanticismo, todo empezó con una tuberculosis. A los 23 años, Manolo Cancelas (Navia, Asturias, 1958) se pasó 18 meses enfermo. No podía trabajar, pero tampoco quedarse de brazos cruzados. Empezó a devorar libros de carpintería. Porque desde que era un "guaje" se le daba bien trabajar la madera. "En mi casa éramos tres hermanos y no había dinero. Si querías una mesa, te la tenías que hacer".
La suya fue una formación tan atípica como él mismo. Nunca vio a un carpintero trabajar. Con maña, curiosidad y echándole un ojo a los manuales, elaboró sus primeras piezas. "Los amigos me decían: 'Oye, ¿por qué no me haces una silla?". Tres décadas después, Cancelas se ha especializado en cocinas a medida y sigue consultando manuales, pero esta vez en Internet, una herramienta que se ha revelado casi tan útil como la taladradora. Su empresa es él: jefe, empleado y administrador. En la época de las vacas gordas, todos le animaban a ampliar el negocio. Él decidió no crecer, seguir tranquilo en su taller. Ahora que las fábricas de muebles de Asturias comienzan a cerrar por el pinchazo inmobiliario, él sigue adelante. "Con una cocina y tres armarios tengo para dos meses". No es pesimista sobre el futuro. "Al final, la gente necesita que su armario llegue de la puerta a la encimera. Y si no pueden comprar cosas, tendrán que arreglarlas". Cuando se jubile quiere seguir haciendo casi más de lo mismo. Tranquilo, en su taller.
Fotografía de Paco Paredes
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