Por Carmen Pérez-Lanzac
"Morales. García.". Es ver el apellido y la mano se le va sola al buzón adecuado. Reparte la correspondencia de Correos en cinco calles del barrio de San Blas. Pero su carrito cada día pesa menos. Cartas escritas a mano reparte más bien pocas. La mayoría esconde publicidad, facturas, recibos del banco. También certificados. Como hoy, que lleva 15. Los remitentes son la Dirección General de Tráfico (¿una multa?), la Agencia Tributaria (¿cuentas pendientes?), Endesa (¿un pago atrasado?). "No sé si es por la crisis, pero últimamente lo que sí veo es que me están cerrando muchos locales", explica Raquel mientras camina a paso ligero. "Hace un mes me cerraron una pollería. Y también me ha cerrado una tienda de muebles y un taller".
Raquel tarda unas tres horas en cumplir su recorrido. Cuando termina, lo primero que hace es encenderse un "cigarrito". "Es como mi recompensa", dice, soltando el humo con un guiño. Su marido también trabaja en Correos y ambos son "mileuristas" . Viven con Nena, su bulldog, en un piso de 60 metros cuadrados en Carabanchel, su barrio de toda la vida. "Lo compramos hace siete años y poco a poco lo hemos ido reformando. Mi suegro puso el suelo; mi padre, la luz. Es pequeño, pero es nuestro". Entre ambos pagan una hipoteca de 650 euros, lo que no les deja mucho dinero para florituras.
Fotografía de Javier Morán
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