Retrato de un país

15. Comandante

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Comandante

Begoña Aramendia, 43 años

Pura vocación

Por Luz Sánchez-Mellado

Hay pocas como ella. Sólo otras 172 españolas tienen el mismo empleo. En 1989, recién acabado Derecho, inauguró una oposición, la del Cuerpo Jurídico Militar, antes vedada a la mujer. Hija, nieta y bisnieta de militares, fue la única de cuatro hermanos que sintió la "llamada" de la milicia. No es una metáfora. Aramendia dice lo que quiere decir. "Soy militar por vocación". Esta comandante auditor de los Cuerpos Comunes vela desde el Observatorio de la Mujer para que el género sea sólo un dato en el expediente de cada militar. "La igualdad formal es un hecho. Trabajamos por garantizar la material", explica. Ella ha sido testigo de la revolución que ha supuesto pasar de las 140 mujeres que juraron bandera en 1988 a las 17.000 que visten hoy el uniforme del Ejército. Desde su ingreso, Aramendia ha ejercido de profesora de derecho, fiscal en la Sala de lo Militar del Supremo y asesora de cuatro jefes de otras tantas misiones en el exterior. "Quería tocar tierra, saber de qué hablan los papeles que vemos en la oficina". Fue voluntaria a Kosovo, Afganistán, Bosnia y Líbano. Allí cambió el traje de bonito por el de faena y ejerció de Pepito Grillo legal del mando. "Le asesoras sobre las reglas de enfrentamiento, el uso de la fuerza, cualquier asunto que te consulte". Ha sido casi todo lo que puede ser un abogado civil, y eso no se paga con dinero, sostiene Aramendia, que no revela su sueldo: "Es un dato irrelevante". Las retribuciones militares son públicas. Un comandante gana unos 3.500 euros brutos mensuales. Aramendia está lista para el ascenso a teniente coronel. Aún no hay ninguna en España. Pero tampoco había "jurídicos militares" cuando estudiaba Derecho.

Fotografía de Óscar Carriquí

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