Retrato de un país

1. Desempleado

+Info
Desempleado

Juanma Regos, 57 años

La calma indómita de un peón que fue rey

Por Manuel Rivas

Hubo un tiempo en que Juanma, Juan Manuel Regos, era tal vez el mejor antropólogo del universo del quiosco en España. Como tarea voluntaria en su condición de director ejecutivo de una importante distribuidora de prensa y revistas con epicentro en Madrid, Regos buscaba un mirador discreto y desde allí hacía su trabajo de campo: adivinar qué periódico o revista compraría cada persona de las que se acercaban al puesto de venta. "Llegó un momento en que no fallaba nunca. De verdad. Sabía qué publicación compraría una persona sólo por la forma de andar".

En esa época, entre 1985 y 1995, Juanma Regos conocía el mapa de Madrid como el más cualificado topógrafo municipal, un catedrático del callejero comparado con el más veterano taxista. Soñaba con ese mapa. Lo tenía clavado en la corteza cerebral chincheta a chincheta. "Lo primero era el mapa. Como en las batallas, si no tienes el mapa metido en la cabeza, estás vendido". Y lo mismo en Galicia y en Canarias. Se asomaba a la ventana y lo que veía era un paisaje tipográfico, de rutas de distribución, de gente con cabeceras bajo el brazo. Y en el silencio de la noche, él oía siempre el zumbido excitante de las rotativas. Porque comenzó de recadero en la editorial Celta, que editaba El Ideal Gallego, y siguió como auxiliar administrativo, hasta que dio el salto a la distribución. Fue un día épico. Había gestionado la publicidad para un especial de fiestas en una localidad de montaña. Cayó una gran nevada. Se suspendió la ruta. Pero Juanma se presentó en la noche en el periódico con su Dyane 6 y una pala y se fue con el lote de periódicos. Varias veces el coche se hundió en la nieve, pero el suplemento de fiestas llegó a su hora.

Nacido en Ordes (Galicia), se crió entre el taller de costura de la madre y el de carpintería del padre. Luego emigraron a la urbe atlántica. "Lo he sido casi todo en el tablero de la distribución de prensa. Peón, caballo y rey. He aprendido a caer y a levantarme. Pero el dinero nunca me ha cambiado la cabeza. Todo se corroe, empezando por el carácter, cuando se pierde el sentido del equipo humano. Y eso es lo que pasó aquí. Yo vi venir esa peste en España hacia mediados de los noventa. El estilo tiburón. La falta de escrúpulos. Lamer culos arriba. Exprimir a los de abajo. Se habla poco de eso, pero una de las causas fundamentales de la crisis está ahí, en la devaluación del trabajo y la desigualdad abismal de rentas". Ahora está a punto de cumplir 57 años y ha cotizado durante 38 a la Seguridad Social. La primera vez que fue al paro cayó en una profunda depresión. Quería volver a Galicia y lo hizo, fichado por su experiencia. El compromiso era hacerlo fijo. Había levantado la empresa. El día acordado para firmar, un jefe le comunicó que estaban contentos, pero que ya no lo necesitaban.

"Hay un día terrible, fatídico. Eso lo experimenté después de cumplir los 40. Tú te sientes joven, con ganas, con experiencia, y envías historiales, hasta treinta sobres al día, te ofreces para lo que sea, pero entonces llegas a la entrevista. ¡La entrevista! Todo está bien, pero la mirada los delata. Sus ojos hablan antes que su boca. Te están diciendo: 'Ya eres un viejo, un ser inservible".

El último trabajo de Juanma fue, como él mismo dice, "metafórico". Suministrador de WC químicos, portátiles, para playas y lugares de ocio. "Peleé, coloqué los dichosos váteres por todas partes. Pero yo me tenía que pagar todo. El coche, el combustible. Trabajaba por el caldo. Y un día algo se rebeló dentro de mí. Digamos, metafóricamente, que dije adiós a la mierda". Ya no se deprimió. Con apoyo de su compañera, Pilar, decidió cambiar la vida, ya que no podía cambiar el mundo. Ahora Juanma se encarga de las labores domésticas. Cocina, y cocina bien. ¡Ah, la fabada! Acompaña dos días a la semana a su madre, cercana a los 90, y luchan contra el olvido. Y escribe. Escribe bien Juanma. Lo hace en un cuaderno y con una calma indómita. Sus manos están hechas de papel reciclado. Me habla de cuando llegaron los productos "atípicos" a la distribución de prensa. "Un día tuvimos que dejar los periódicos para poder llevar la cacharrería". Su risa irónica, libre, muestra que ha vencido a la corrosión del carácter. "Creo que hay un paralelismo entre la devaluación de la prensa y la deshumanización del trabajo".

Fotografía de Xurxo Lobato

Subir
elpais.com
Diario EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 337 8200
el país semanal