Por Alicia González
Lucía es uno de los muchos trabajadores del sector financiero que solo han trabajado en tiempos de bonanza y no saben qué es gestionar una crisis. "En la última, la de 1992, yo estaba estudiando", explica. "Ya me tocaba vivir una crisis, pero lo asumo como una oportunidad para aprender". La sucursal que dirige, en un barrio acomodado de Madrid, puede considerarse atípica: la morosidad apenas ha variado y los más afectados son algunos clientes, "promotores de viviendas que sí sufren un frenazo y se han visto obligados a despedir a gente".
Lo que sí ha cambiado, y mucho, es el miedo. Lucía insiste en que la entidad donde trabaja ya era de las más estrictas del sector a la hora de conceder créditos y que el cambio de circunstancias no ha modificado su actitud hacia los clientes. "La crisis no me ha obligado a hacer de mala, porque eso ya lo hacía antes", dice entre risas. Enseguida matiza: "Se trata más de ser rigurosos, porque yo lo que quiero es ayudar a mis clientes". Y lo cierto es que no deja escapar la menor oportunidad. "¿Que no eres clienta de Banesto?", pregunta a la periodista. "Pero podrías serlo, ¿no? Mira, te dejo mi tarjeta, me llamas y hablamos".
Fotografía de Óscar Carriquí
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