Retrato de un país

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Fabiola Tayupe, 26 años

Pensar en grande

Por Lucas Arraut

Tiene 26 años y baila en 69 Pétalos, una discoteca de Madrid. "Añádele siete centímetros de tacón a mi 1,94 de altura y te haces una idea de cómo me mira la gente. Me encanta". No hay coreografía, se trata de transmitir energía, "que el público la sienta y te la regrese. Solo hay dos reglas: jamás toques a los artistas, jamás toques a los clientes". Una vez, uno le "metió la mano hasta el alma" y recibió un guantazo. Un caso excepcional, el club es como su casa, una nueva familia. Con todo, le da miedo verse trabajando en la noche con 40. Algún día abrirá su propio centro de estética.

Fabiola estudió maquillaje, coctelería y modelaje en su pequeño Dabajuro natal (Venezuela) hasta que fue a Caracas buscando "lo que cualquier niña, rica o pobre: la paz en el mundo y representar al país en un concurso de belleza", bromea a medias. "Mi país es una fábrica de mujeres. Es un tópico, pero es así. Y yo era una de esas niñas". Pero un certamen de misses adolescentes en el que trabajó de asistente le cambió la perspectiva. "Mi manager me salvó de lo que ahí llaman operación colchón. Ya sabes, salir con hombres de negocios a cambio de un papel en el típico culebrón".

Una amiga le consiguió un curro de maquilladora en Barcelona y se quedó. Trabajó de camarera y lo intentó de azafata. "Hice un curso de catalán, pero era muy difícil. Lo respeto como lengua, que lo quieran mantener, pero para estudiar un idioma dos o tres años prefiero el inglés". Un viaje a Madrid le brindó su primer contrato regular en el restaurante Gula Gula. Ahora, en 69 Pétalos, cobra 1.200 euros al mes por tres noches a la semana. 250 los manda a su madre; 550, al alquiler. "La crisis no nos afecta particularmente, los españoles no renuncian a salir. He tenido suerte aquí y estoy agradecida. Por eso me da rabia cuando veo a bandas de traficantes extranjeros en la tele: vienes aquí para vivir mejor, no para destruir la sociedad ni reírte de sus leyes". Ella firmaría el contrato de inmigración de Rajoy, un político del que "no es partidaria", pero que cree que merece una oportunidad. A Zapatero le agradece la regularización, pero piensa que el Gobierno se le ha ido de las manos. Y que Esperanza Aguirre "vive en un mundo pokemon". ¿Y Chávez? "Para opinar hay que vivirlo. Con él, la Seguridad Social y la educación han mejorado. Que haya subido la criminalidad es, en cambio, culpa de la mentalidad de la gente. Yo no me conformo, como algunos compatriotas, con tener cerveza y harina para arepas en la nevera. España me ha enseñado a pensar en grande. Hay que sudar para ganar".

Fotografía de Daniel Martín

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