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Imán

Riay Tatary Bakry, 60 años

Musulmán, español… y punto

Por Juan G. Bedoya

"Nos ven todavía como extranjeros", se duele Riay Tatary Bakry. Son los hijos quienes peor lo llevan. Y los hijos de sus hijos aún lo comprenderán menos. Son españoles. Musulmanes españoles. Punto redondo. Nacido en Damasco (Siria) en 1948, Tatary llegó a España a los 19 años para estudiar medicina. Se nacionalizó español en 1978. Condecorado con la Encomienda al Mérito Civil, participó en la elaboración de las leyes que proclaman la libertad religiosa de los españoles. Hoy preside la influyente Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE).

En su austero despacho de imán de la Mezquita Central de Madrid, en el barrio madrileño de Tetuán, hay huellas de esa españolidad. Fotografías con la Reina y con autoridades de visita en la mezquita. Tatary prepara un álbum con todo ese material. Pero se duele. Las cosas podrían ir mejor para el millón muy largo de musulmanes en España. Unos 400.000 son tan españoles como el catolicísimo cardenal Rouco.

El imán Tatary quizá proceda de moriscos expulsados de España. Su nombre, Riay, quiere decir aroma de flores. El apellido Tatary sugiere que su familia estuvo en Tataristán, en Crimea, antes de arraigar en Damasco. Pero no vino en busca de raíces, sino a estudiar una carrera. Recuerda con cariño la Facultad de Medicina en Santander y sus prácticas en el hospital Valdecilla. Fue en Santander, en un piso compartido con otros dos chicos árabes, donde se inicia como líder musulmán. No vivían marginados. Eran musulmanes, pero sobre todo despiertos, simpáticos y con posibles.

Ha llovido desde entonces. Los musulmanes son la segunda religión en España. Apenas sumaban 25.000 fieles en 1975. Tampoco había mezquitas. La del imán Tatary se inauguró en 1988, después de 13 años de gestiones. Hoy es visitada cada semana por 18.500 personas. Es el centro no comercial más concurrido en Madrid. Todos los días llegan grupos de colegiales, dentro del llamado Programa Alcántara, que significa puente. Pero queda mucho por hacer. Los ayuntamientos se resisten a dar licencias para abrir mezquitas; Educación no cumple con la ley para enseñar el islam en las escuelas (apenas hay 45 profesores para 129.000 alumnos de esa confesión), y escasean los cementerios. A Riay Tatary le cuesta tomárselo con filosofía.

Fotografía de Óscar Carriquí

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